lunes, 6 de junio de 2016

ORTOGRAFÍA - TERCEROS DE BACHILLERATO


USO DE B
Se escriben con
1.    Los verbos terminados en -bir. Ejemplos: escribir, recibir, sucum­bir. Excepciones en voces de uso actual: hervir, servir, vivir y sus compuestos.
2.    Los verbos terminados en -buir. Ejemplos: contribuir, atribuir retribuir.
3.    Los verbos deber, beber, caber, saber y haber.
4.    Las terminaciones -aba, -abas, -ábamos, -aban del preté­rito imperfecto de indicativo (copretérito, en la terminología de Andrés Bello) de los verbos de la primera conjugación. Ejem­plos: cantaba, bajabas, amaban.
5.    El pretérito imperfecto de indicativo de ir: iba, ibas, etc.
6.    Las palabras que empiezan por el elemento compositivo biblio-(libro) Ejemplos: biblioteca
7.    Las palabras que empiezan por las sílabas bu-, bur- y bus-, Ejemplos: bula, burla, buscar Excepción: vudú y sus derivados, además de otras voces caídas en desuso.
8.    Las que empiezan por el elemento compositivo bi-, bis , biz (dos' o 'dos veces')- Ejemplos: bipolar, bisnieto, bizcocho.
9.    Las que contienen el elemento compositivo bio-, -bio (Vida'). Ejemplos: biografía, biosfera, anaerobio, microbio.
10.  Las palabras compuestas cuyo primer elemento es bien o su forma latina bene. Ejemplos: bienaventurado, bienvenido, beneplácito.
11.  Toda palabra en que B precede a otra con­sonante o está en final de palabra. Ejemplos: abdicación, abne­gación, absolver, obtener obvio, subvenir, amable, brazo, rob, nabab. Excepciones: ovni y algunos términos desusados. En las palabras obscuro, subscribir, substancia, substitución, subs­traer y sus compuestos y derivados, el grupo bs- se simplifica en s. Ejemplos: sustancia, sustantivo, oscuro.
12.  Las palabras acabadas en -bilidad Ejemplos: amabilidad, habilidad, posibilidad. Excepciones: movilidad, civilidad y sus compuestos.
13.  Las acabadas en -bundo y -bunda. Ejemplos: tremebundo, vaga­bundo, abunda.

Escriba 5 palabras para cada caso, de preferencia palabras que no hayan sido usadas en los ejemplos:

USO V
Se escriben con v;
1.    Las palabras en las que las sílabas ad-, sub- y ob  preceden a V, Ejemplos: adviento, subvención, obvio.
2.    Las palabras que empiezan por eva-, evo, eví- y evo-. Ejemplos: evasión, eventual, evitar, evolución. Excepciones: ébano y sus deri­vados, ebionita, ebonita y eborario.
3.    Las que empiezan por el elemento compositivo vice-, viz- o vi- (en lugar de). Ejemplos: vicealmirante, vizconde, virrey,
4.    Los adjetivos llanos terminados en –avo, -ava, -evo, -eva, -eve, iva, -iva. Ejemplos: esclavo, octava, longevo, nueva, aleve, decisi­va, activo. Excepciones: suabo y mancebo5,
5.    Las voces llanas de uso general terminadas en -viro, vira, como decenviro, Elvira, triunviro, y las esdrújulas terminadas en Avaro, -ívora, como carnívora, herbívoro, insectívoro. Excepción: víbora.
6.    Los verbos acabados en -olver. Ejemplos: absolver, disolver, volver.
7.    Los presentes de indicativo, imperativo y subjuntivo del verbo ir. Ejemplos: voy, ve, vaya.
8.    El pretérito perfecto simple de indicativo (o pretérito, según Bello) y el pretérito imperfecto (pretérito) y futuro de subjun­tivo de los verbos estar, andar, tener y sus compuestos. Ejemplos: estuvo, estuviéramos, estuviere, anduve, desanduvo, desanduviere; tuviste, retuvo, sostuviera, contuviese, mantuviere.


USO DE C
Se escribe con c
1.    Por regla general, se escribirá -cc- cuando en alguna palabra de la familia léxica aparezca el grupo –ct-. Ejemplos: adicción (por rela­ción con adicto), reducción (con reducto), dirección (con director). Hay sin embargo, palabras que se escriben con -cc- a pesar de no tener ninguna palabra de su familia léxica con el grupo -ct-. Ejem­plos: succión, cocción, confección, fricción, etc. Otras muchas pala­bras de este grupo, que no tienen -ct- sino-t- en su familia léxica, se escriben con una sola c. Ejemplos: discreción (por relación con discreto), secreción (con secreto), relación (con relato), etc.
2.    Sé escriben con c las palabras que tienen el sonido de cama y cosa a final de palabra. Ejemplos: frac, vivac, zinc. Excepciones: amok, únorah, bock, yak, cok, cuark o quark y volapuk.

Escriba 10 diminutivos con sufijos: cito, cillo, cico.


Escriba 10 adjetivos terminados en: ciosa, cioso.


Escriba 5 palabras para cada caso, de preferencia palabras que no hayan sido usadas en los ejemplos:


USO DE Z
Se escribe con z
1.    Se escriben con -zc- la primera persona del singular del presen­te de indicativo y todo el presente de subjuntivo de los verbos irregulares terminados en acer (menos hacer y sus derivados), -ecer, -ocer (menos cocer y sus derivados) y -ucir. Ejemplos: nazco, abastezco, reconozcamos, produzca.
2.    Se escriben con -z final las palabras cuyo plural termina en -ces. Ejemplos: vejez/vejeces, luz/luces, lombriz/lombrices.

Escriba 10 sustantivos aumentativos terminados en: aza, azo


Escriba 10 sustantivos terminados en: izo, iza


Escriba 10 despectivos terminados en: zuelo, zuelo, uza.


Escriba 10 sustantivos terminados en: anza



Escriba 5 palabras para cada caso, de preferencia palabras que no hayan sido usadas en los ejemplos:

USOS DE LA S
1.    Se utiliza S en los siguientes casos:
2.    Al terminar las palabras en so y oso, cuando son adjetivos.
Ejemplos: ambicioso, inmenso, adverso, etc.
3.    Las terminaciones erso, ersa.
Ejemplo: adverso, viceversa, etc.
4.    Cuando una palabra se quiere convertir a forma de superlativo se le agrega la terminación ísimo.
Ejemplo: grande (forma de superlativo = grandísimo), bello (forma de superlativo = bellísimo).
5.    Cuando las palabras terminan en esco y son adjetivos.
Ejemplo: grotesco, parentesco, gigantesco, etc.
6.    En el caso del pronombre SE, que se anexa a verbos, para dar origen a formas verbales, como verbos en forma reflexiva o para sustituir al objeto indirecto.
Ejemplo: se cayó, se bañó, durmiéndose, lavándose, etc.
7.    En los casos en que la palabra original se escribe con S, el derivado sigue escribiéndose con S.
Ejemplo: (división, divisor), (espeso, espesor), etc.
8.    En los siguientes sufijos: ense, esa, ese, sor, ismo, sion, es, ista. Ejemplos: (grande, grandeza), (capaz, capaces), (ave, aves), (sentar, siéntense), (bañar, báñense), (turista, turismo), (fanático, fanatismo),(impresión, impresionista), (columna, columnista de periódico), (callar, cállese), (bañar, báñese), (dividir, división), (concluir, conclusión).
9.    Las palabras que llevan los prefijos: semi, sin, dis, sub, su, abs, super, sobre, des.
Ejemplo: desigualdad, descontento, discriminar, disgusto, sinsabor, subtitulo, submenú, supuesto, sufijo, supermercado, superdotado, sobrentendido, sobrenatural, absuelto, abstenerse, semicírculo, semiduro.
10.  En los siguientes grafemas: sivo, esp, est, rse, sivo, siva. Existen las siguientes excepciones: nocivo, lascivo. Ejemplo: masivo, cursiva, caerse, verse, maestro, muestra, esbelto, esbozo, espina, espada, etc.

Escriba 5 palabras para cada caso, de preferencia palabras que no hayan sido usadas en los ejemplos:

Escriba 10 adjetivos que terminen en oso, osa:



Escriba 10 adjetivos superlativos terminados en: ísima, ísimo.



Escriba 10 numerales terminados en: ésimo, ésima.



USO DE G
Se escriben con g:
1.    Las palabras en que G precede a cualquier consonante, pertenezca o no a la misma sílaba. Ejemplos: gla­cial, grito, dogmático, impregnar, maligno, repugnancia,
2.    Las palabras que empiezan por gest-. Ejemplos: gesta, gestación, gestor.
3.    Las que empiezan por el elemento compositivo geo- (tierra). Ejemplos: geógrafo, geometría, geodesia.
4.    Las que terminan en -gélico, -genario, géneo, -génico, genio, génito, gesimal, -gésimo y -gético. Ejemplos: angélico, sexagena­ria, homogéneo, fotogénico, ingenio, primogénito, cuadragesimal, vigésimo, apologético.
5.    Las que terminan en -giénico, ginal, -gíneo, -ginoso (excepto aguajinoso) Ejemplos: higiénico, original, virgíneo, ferruginoso.
6.    Las que terminan en -gia, -gio, -gión, -gional, -gionario, -gioso y -gírico. Ejemplos: magia, regia, frigia, litutgía, litigio, religión, regional, legionario, prodigioso, panegírico. Excepciones: las voces que terminan en -plejía o plejia (apoplejía, paraplejia...) y ejión.
7.    Las que terminan en -gente y gencia. Ejemplos: vigente, exigen­te, regencia. Excepción: majencia.
8.    Las que terminan en -ígeno. ígena, -ígero, ígera. Ejemplos: indí­gena, oxígeno, alígera, belígero.
9.    Las que terminan en -logia, -gogia o -gogía. Ejemplos; teología, demagogia, pedagogía.
10.  Las que terminan en el elemento compositivo -algia ('dolor'). Ejemplos: neuralgia, gastralgia, cefalalgia.
11.  Los verbos terminados en -igerar, -ger y -gir (morigerar, proteger, fingir) y las correspondientes formas de su conjugación, excep­to en el caso de los sonidos ja, jo, que nunca se pueden repre­sentar con g: protege, fingía, pero proteja, finjo. Existen algunas excepciones, como tejer; crujir y sus derivados.

Escriba 5 palabras para cada caso, de preferencia palabras que no hayan sido usadas en los ejemplos:
USO DE J
Se escriben con j:
1.    Las palabras derivadas de voces que tienen j ante las vocales a, o, u. Así, cajero, cajita (de caja)', lisonjear (de lisonja); cojea) (de rojo); ojear (de ojo); rojear, rojizo (de rojo).
2.    Las voces de uso actual que terminan en -aje, eje. Ejemplos coraje, hereje, garaje. Excepciones: ambages, enálage, hipálage
3.    Las que acaban en -jería. Ejemplos: cerrajería, consejería, extran­jería.
4.    Las formas verbales de los infinitivos que terminan en -jar Ejem­plos: trabaje, trabajemos (de trabajar)-, empuje (de empujar). Tam­bién las dé los pocos verbos terminados en -jer y en -jir, como cruje (de crujir); teje (de tejer).
5.    Los verbos terminados en -jear, así como sus correspondientes formas verbales. Ejemplos: canjear, homenajear, cojear. Excep­ción: aspergear.
6.    El pretérito perfecto simple y el pretérito imperfecto y futuro de subjuntivo de los verbos traer decir y sus derivados, y de los verbos terminados en -ducir. Ejemplos: traje (de traer); dije, dijera (de decir); predijéramos (de predecir); adujera, adujeren (de aducir).

Escriba 5 palabras para cada caso, de preferencia palabras que no hayan sido usadas en los ejemplos:
USO DE H
Se escriben con h:
1.    Las formas de los verbos haber, hacer, hallar, hablar, habitar. Ejemplos: haga, hallemos, hablará.
2.    Como ya se advirtió, los compuestos y derivados de los vocablos que tengan esta letra. Ejemplos: gentilhombre, compuesto de hombre; herbáceo, derivado de hierba.
Acción e ilación se escriben sin h porque ni la primera viene de hacer, ni la segunda de hilo o de hilar. Acción era actio en latín, y proviene del supino actum, e ilación es la illatio latina, también pro­cedente del supino illatum.
Las palabras oquedad, orfandad, orfanato, osamenta, osario, óseo, oval, óvalo, ovario, oscense, oler, etc. se escriben sin h porque no la tienen en su origen. Hueco, huérfano, hueso, huevo, Huesca, huelo la llevan por comenzar con el diptongo ue, según la regla ortográfica siguiente.
3.    Las palabras de uso actual que empiezan por los diptongos la, ie, ue y ui. Ejemplos: hiato, hiena, huele, huidizo. Excepción, iatrogénico. Se escribe h intercalada en palabras que llevan el diptongo ue precedido de vocal. Ejemplos: cacahuete, vihuela, aldehuela. Excepción: granero.
4.    Las palabras que empiezan por los elementos compositivos hecto- (cien) —distinto de ecto- (por fuera)—, helio- (sol), hema-, hemato-, hemo- (sangre), hemi- (medio, mitad), hepta- (siete), helero- (otro), hidra-, hidro- (agua), higro- (humedad), híper- (superioridad o exceso), hipo- (debajo de o escasez de), holo- (todo), homeo- (semejante o parecido), homo- (igual) Ejemplos: hectómetro, heliocéntrico, hematoma, hemiciclo, hemo­globina, heptaedro, heterosexual, hidráulico, hidrógeno, higrómetro, hipérbole, hipócrita, holografía, homeopatía, homógrafo,
5.    Algunas interjecciones. Ejemplos: hala, bah, eh.
6.    Por regla general, las palabras que empiezan por histo-, hosp-, hum-, horm-, herm-, hern-, holg- y hog-. Ejemplos: histología, hos­pital, humedad, hormiga, hermano, hernia, holgado, hogar.
Escriba 5 palabras para cada caso, de preferencia palabras que no hayan sido usadas en los ejemplos:
Escriba 20 palabras terminadas en los prefijos griegos: hidr, hemo, hema, hemi, homo, hiper, hipo, hexa, hepta, hecto.




USO DE Y
Se escriben con y:
1.    Las palabras que terminan con el sonido correspondiente a i pre­cedido de una vocal con la que forma diptongo, o de dos con las que forma triptongo, Ejemplos: ay, estoy, verdegay, Bombay, buey, ley, rey, convoy, soy, Godoy, muy, Uruguay, Garay, etc. Hay algu­nas excepciones, como saharaui o bonsái
2.    La conjunción copulativa y Ejemplos: Juan y María; cielo y tierra; este y aquel. Esta conjunción toma la forma e ante una palabra que empiece por el fonema vocálico correspondiente a i (ciencia e historia; catedrales e iglesias).
3.    c) las palabras que tienen el sonido Y ante vocal, y especialmente cuando sigue a los prefijos ad-, dis- y sub-. Ejemplos: adya­cente, disyuntivo, subyacer.
4.    Algunas formas de los verbos caer, raer, creer, leer, poseer, pro­veer, sobreseer, y de los verbos acabados en oír y -uir. Ejem­plos: cayeran, leyendo, oyó, concluyo, atribuyera,
5.    Las palabras que contienen la sílaba -yec-. Ejemplos: abyec­to, proyección, inyectar.
6.    Los plurales de los nombres que terminan en y en singular (rey - reyes)
7.    El gerundio del verbo ir: yendo.

Escriba 5 palabras para cada caso, de preferencia palabras que no hayan sido usadas en los ejemplos:

domingo, 8 de mayo de 2016

ENSAYO DÉCIMO

NUESTRA AMÉRICA
José Martí
Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el cielo, que van por el aire dormido engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra.
No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados. Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos. Los que se enseñan los puños, como hermanos celosos, que quieren los dos la misma tierra, o el de casa chica, que le tiene envidia al de casa mejor, han de encajar, de modo que sean una las dos manos. Los que, al amparo de una tradición criminal, cercenaron, con el sable tinto en la sangre de sus mismas venas, la tierra del hermano vencido, del hermano castigado más allá de sus culpas, si no quieren que les llame el pueblo ladrones, devuélvanle sus tierras al hermano. Las deudas del honor no las cobra el honrado en dinero, a tanto por la bofetada. Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades; ¡los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes.
A los sietemesinos sólo les faltará el valor. Los que no tienen fe en su tierra son hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los demás. No les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o de París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol. Hay que cargar los barcos de esos insectos dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre. Si son parisienses o madrileños, vayan al Prado, de faroles, o vayan a Tortoni, de sorbetes. ¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenzan de que su padre sea carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan, ¡bribones!, de la madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades! Pues, ¿quién es el hombre?, ¿el que se queda con la madre, a curarle la enfermedad, o el que la pone a trabajar donde no la vean, y vive de su sustento en las tierras podridas, con el gusano de corbata, maldiciendo del seno que lo cargó, paseando el letrero de traidor en la espalda de la casaca de papel? ¡Estos hijos de nuestra América, que ha de salvarse con sus indios, y va de menos a más; estos desertores que piden fusil en los ejércitos de la América del Norte, que ahoga en sangre a sus indios, y va de más a menos! ¡Estos delicados, que son hombres y no quieren hacer el trabajo de hombres! Pues el Washington que les hizo esta tierra ¿se fue a vivir con los ingleses, a vivir con los ingleses en los años en que los veía venir contra su tierra propia? ¡Estos "increíbles" del honor, que lo arrastran por el suelo extranjero, como los increíbles de la Revolución francesa, danzando y relamiéndose, arrastraban las erres!
Ni ¿en qué patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestras repúblicas dolorosas de América, levantadas entre las masas mudas de indios, al ruido de pelea del libro con el cirial, sobre los brazos sangrientos de un centenar de apóstoles? De factores tan descompuestos, jamás, en menos tiempo histórico, se han creado naciones tan adelantadas y compactas. Cree el soberbio que la tierra fue hecha para servirle de pedestal, porque tiene la pluma fácil o la palabra de colores, y acusa de incapaz e irremediable a su república nativa, porque no le dan sus selvas nuevas modo continuo de ir por el mundo de gamonal famoso, guiando jacas de Persia y derramando champaña. La incapacidad no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia. Con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero. Con una frase de Sieyés no se desestanca la sangre cuajada de la raza india. A lo que es, allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país.
Por eso el libro importado ha sido vencido en América por el hombre natural. Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales. El mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico. No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza. El hombre natural es bueno, y acata y premia la inteligencia superior, mientras ésta no se vale de su sumisión para dañarle, o le ofende prescindiendo de él, que es cosa que no perdona el hombre natural, dispuesto a recobrar por la fuerza el respeto de quien le hiere la susceptibilidad o le perjudica el interés. Por esta conformidad con los elementos naturales desdeñados han subido los tiranos de América al poder; y han caído en cuanto les hicieron traición. Las repúblicas han purgado en las tiranías su incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país, derivar de ellos la forma de gobierno y gobernar con ellos. Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador.
En pueblos compuestos de elementos cultos e incultos, los incultos gobernarán, por su hábito de agredir y resolver las dudas con la mano, allí donde los cultos no aprendan el arte del gobierno. La masa inculta es perezosa, y tímida en las cosas de la inteligencia, y quiere que la gobiernen bien; pero si el gobierno le lastima, se lo sacude y gobierna ella. ¿Cómo han de salir de las Universidades los gobernantes, si no hay Universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte del gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América? A adivinar salen los jóvenes al mundo, con antiparras yanquis o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no conocen. En la carrera de la política habría de negarse la entrada a los que desconocen los rudimentos de la política. El premio de los certámenes no ha de ser para la mejor oda, sino para el mejor estudio de los factores del país en que se vive. En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país. Conocerlos basta, sin vendas ni ambages: porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella. Resolver el problema después de conocer sus elementos, es más fácil que resolver el problema sin conocerlos. Viene el hombre natural, indignado y fuerte, y derriba la justicia acumulada de los libros, porque no se la administra en acuerdo con las necesidades patentes del país. Conocer es resolver. Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías. La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América, de los incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria. Los políticos nacionales han de reemplazar a los políticos exóticos. Injértese en nuestras Repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras Repúblicas. Y calle el pedante vencido; que no hay patria en que pueda tener el hombre más orgullo que en nuestras dolorosas repúblicas americanas.
Con los pies en el rosario, la cabeza blanca y el cuerpo pinto de indio y criollo, venimos, denodados, al mundo de las naciones. Con el estandarte de la Virgen salimos a la conquista de la libertad. Un cura, unos cuantos tenientes y una mujer alzan en México la república en hombros de los indios. Un canónigo español, a la sombra de su capa, instruye en la libertad francesa a unos cuantos bachilleres magníficos, que ponen de jefe de Centro América contra España al general de España. Con los hábitos monárquicos, y el Sol por pecho, se echaron a levantar pueblos los venezolanos por el Norte y los argentinos por el Sur. Cuando los dos héroes chocaron, y el continente iba a temblar, uno, que no fue el menos grande, volvió riendas. Y como el heroísmo en la paz es más escaso, porque es menos glorioso que el de la guerra; como al hombre le es más fácil morir con honra que pensar con orden; como gobernar con los sentimientos exaltados y unánimes es más hacedero que dirigir, después de la pelea, los pensamientos diversos, arrogantes, exóticos o ambiciosos; como los poderes arrollados en la arremetida épica zapaban, con la cautela felina de la especie y el peso de lo real, el edificio que había izado, en las comarcas burdas y singulares de nuestra América mestiza, en los pueblos de pierna desnuda y casaca de París, la bandera de los pueblos nutridos de savia gobernante en la práctica continua de la razón y de la libertad; como la constitución jerárquica de las colonias resistía la organización democrática de la República, o las capitales de corbatín dejaban en el zaguán al campo de bota-de-potro, o los redentores bibliógenos no entendieron que la revolución que triunfó con el alma de la tierra, desatada a la voz del salvador, con el alma de la tierra había de gobernar, y no contra ella ni sin ella, entró a padecer América, y padece, de la fatiga de acomodación entre los elementos discordantes y hostiles que heredó de un colonizador despótico y avieso, y las ideas y formas importadas que han venido retardando, por su falta de realidad local, el gobierno lógico. El continente descoyuntado durante tres siglos por un mando que negaba el derecho del hombre al ejercicio de su razón, entró, desatendiendo o desoyendo a los ignorantes que lo habían ayudado a redimirse, en un gobierno que tenía por base la razón; la razón de todos en las cosas de todos, y no la razón universitaria de uno sobre la razón campestre de otros. El problema de la independencia no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu.
Con los oprimidos había que hacer causa común, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores. El tigre, espantado del fogonazo, vuelve de noche al lugar de la presa. Muere echando llamas por los ojos y con las zarpas al aire. No se le oye venir, sino que viene con zarpas de terciopelo. Cuando la presa despierta, tiene al tigre encima. La colonia continuó viviendo en la república; y nuestra América se está salvando de sus grandes yerros -de la soberbia de las ciudades capitales, del triunfo ciego de los campesinos desdeñados, de la importación excesiva de las ideas y fórmulas ajenas, del desdén inicuo e impolítico de la raza aborigen- por la virtud superior, abonada con sangre necesaria, de la república que lucha contra la colonia. El tigre espera, detrás de cada árbol, acurrucado en cada esquina. Morirá, con las zarpas al aire, echando llamas por los ojos.
Pero "estos países se salvarán", como anunció Rivadavia el argentino, el que pecó de finura en tiempos crudos; al machete no le va vaina de seda, ni en el país que se ganó con lanzón se puede echar el lanzón atrás, porque se enoja, y se pone en la puerta del Congreso de Iturbide "a que le hagan emperador al rubio". Estos países se salvarán, porque, con el genio de la moderación que parece imperar, por la armonía serena de la Naturaleza, en el continente de la luz, y por el influjo de la lectura crítica que ha sucedido en Europa a la lectura de tanteo y falansterio en que se empapó la generación anterior, le está naciendo a América, en estos tiempos reales, el hombre real.
Éramos una visión, con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño. Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España. El indio, mudo, nos daba vueltas alrededor, y se iba al monte, a la cumbre del monte, a bautizar a sus hijos. El negro, oteado, cantaba en la noche la música de su corazón, solo y desconocido, entre las olas y las fieras. El campesino, el creador, se revolvía, ciego de indignación, contra la ciudad desdeñosa, contra su criatura. Éramos charreteras y togas, en países que venían al mundo con la alpargata en los pies y la vincha en la cabeza. El genio hubiera estado en hermanar, con la caridad del corazón y con el atrevimiento de los fundadores, la vincha y la toga; en desestancar al indio; en ir haciendo lado al negro suficiente; en ajustar la libertad al cuerpo de los que se alzaron y vencieron por ella. Nos quedó el oidor, y el general, y el letrado, y el prebendado. La juventud angélica, como de los brazos de un pulpo, echaba al Cielo, para caer con gloria estéril, la cabeza coronada de nubes. El pueblo natural, con el empuje del instinto, arrollaba, ciego del triunfo, los bastones de oro. Ni el libro europeo, ni el libro yanqui, daban la clave del enigma hispanoamericano. Se probó el odio, y los países venían cada año a menos. Cansados del odio inútil, de la resistencia del libro contra la lanza, de la razón contra el cirial, de la ciudad contra el campo, del imperio imposible de las castas urbanas divididas sobre la nación natural, tempestuosa o inerte, se empieza, como sin saberlo, a probar el amor. Se ponen en pie los pueblos, y se saludan. "¿Cómo somos?" se preguntan; y unos a otros se van diciendo cómo son. Cuando aparece en Cojímar un problema, no van a buscar la solución a Danzig. Las levitas son todavía de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América. Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino! Se entiende que las formas de gobierno de un país han de acomodarse a sus elementos naturales; que las ideas absolutas, para no caer por un yerro de forma, han de ponerse en formas relativas; que la libertad, para ser viable, tiene que ser sincera y plena; que si la república no abre los brazos a todos y adelanta con todos, muere la república. El tigre de adentro se entra por la hendija, y el tigre de afuera. El general sujeta en la marcha la caballería al paso de los infantes. O si deja a la zaga a los infantes, le envuelve el enemigo la caballería. Estrategia es política. Los pueblos han de vivir criticándose, porque la crítica es la salud; pero con un solo pecho y una sola mente. ¡Bajarse hasta los infelices y alzarlos en los brazos! ¡Con el fuego del corazón deshelar la América coagulada! ¡Echar, bullendo y rebotando por las venas, la sangre natural del país! En pie, con los ojos alegres de los trabajadores, se saludan, de un pueblo a otro, los hombres nuevos americanos. Surgen los estadistas naturales del estudio directo de la Naturaleza. Leen para aplicar, pero no para copiar. Los economistas estudian la dificultad en sus orígenes. Los oradores empiezan a ser sobrios. Los dramaturgos traen los caracteres nativos a la escena. Las academias discuten temas viables. La poesía se corta la melena zorrillesca y cuelga del árbol glorioso el chaleco colorado. La prosa, centelleante y cernida, va cargada de idea. Los gobernadores, en las repúblicas de indios, aprenden indio.
De todos sus peligros se va salvando América. Sobre algunas repúblicas está durmiendo el pulpo. Otras, por la ley del equilibrio, se echan a pie a la mar, a recobrar, con prisa loca y sublime, los siglos perdidos. Otras, olvidando que Juárez paseaba en un coche de mulas, ponen coche de viento y de cochero a una bomba de jabón; el lujo venenoso, enemigo de la libertad, pudre al hombre liviano y abre la puerta al extranjero. Otras acendran, con el espíritu épico de la independencia amenazada, el carácter viril. Otras crían, en la guerra rapaz contra el vecino, la soldadesca que puede devorarlas. Pero otro peligro corre, acaso, nuestra América, que no le viene de sí, sino de la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los dos factores continentales, y es la hora próxima en que se le acerque demandando relaciones íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña. Y como los pueblos viriles, que se han hecho de sí propios, con la escopeta y la ley, aman, y sólo aman, a los pueblos viriles; como la hora del desenfreno y la ambición, de que acaso se libre, por el predominio de lo más puro de su sangre, la América del Norte, o el que pudieran lanzarla sus masas vengativas y sórdidas, la tradición de conquista y el interés de un caudillo hábil, no está tan cercana aún a los ojos del más espantadizo, que no dé tiempo a la prueba de altivez, continua y discreta, con que se la pudiera encarar y desviarla; como su decoro de república pone a la América del Norte, ante los pueblos atentos del Universo, un freno que no le ha de quitar la provocación pueril o la arrogancia ostentosa, o la discordia parricida de nuestra América, el deber urgente de nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento, vencedora veloz de un pasado sofocante, manchada sólo con sangre de abono que arranca a las manos la pelea con las ruinas, y la de las venas que nos dejaron picadas nuestros dueños. El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América; y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe. Por ignorancia llegaría, tal vez, a poner en ella la codicia. Por el respeto, luego que la conociese, sacaría de ella las manos. Se ha de tener fe en lo mejor del hombre y desconfiar de lo peor de él. Hay que dar ocasión a lo mejor para que se revele y prevalezca sobre lo peor. Si no, lo peor prevalece. Los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad.

No hay odio de razas, porque no hay razas. Los pensadores canijos, los pensadores de lámparas, enhebran y recalientan las razas de librería, que el viajero justo y el observador cordial buscan en vano en la justicia de la naturaleza, donde resalta, en el amor victorioso y el apetito turbulento, la identidad universal del hombre. El alma emana, igual y eterna, de los cuerpos diversos en forma y en color. Peca contra la humanidad el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas.  Pero en el amasijo de los pueblos se condensan, en la cercanía de otros pueblos diversos, caracteres peculiares y activos, de ideas y de hábitos, de ensanche y adquisición, de vanidad y de avaricia, que del estado latente de preocupaciones nacionales pudieran, en un período de desorden interno o de precipitación del carácter acumulado del país, trocarse en amenaza grave para las tierras vecinas, aisladas y débiles, que el país fuerte declara perecederas e inferiores. Pensar es servir. Ni ha de suponerse, por antipatía de aldea, una maldad ingénita y fatal al pueblo rubio del continente, porque no habla nuestro idioma, ni ve la casa como nosotros la vemos, ni se nos parece en sus lacras políticas, que son diferentes de las nuestras; ni tiene en mucho a los hombres biliosos y trigueños, ni mira caritativo, desde su eminencia aún mal segura, a los que, con menos favor de la historia, suben a tramos heroicos la vía de las repúblicas; ni se han de esconder los datos patentes del problema que puede resolverse, para la paz de los siglos, con el estudio oportuno y la unión tácita y urgente del alma continental. ¡Porque ya suena el himno unánime; la generación actual lleva a cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la América trabajadora; del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Zemí, por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América nueva!

domingo, 1 de mayo de 2016

Oraciones Subordinadas - Terceros BGU


Definición de Oración Subordinada:

Una Oración Subordinada (o secundaria) es una oración compuesta que depende estructuralmente del núcleo de otra oración, llamada Oración Principal.

La Oración Subordinada desempeña una función sintáctica dentro de la principal:
Me pidió que lo perdonara.  (en este caso la subordinada, en negrita,  funciona como objeto directo de la principal)
Según su función sintáctica, se clasifican en AdverbialesSustantivas Adjetivas:

Las Oraciones Subordinadas Adverbiales son aquellas que desempeñan funciones sintácticas propias del adverbio. Se clasifican en: 
Temporales (o de tiempo): indican circunstancia temporal. Nexos: cuando, mientras, antes que, antes de que, después que... → Lo hice cuando me dijiste (esa hora)
Locales (o de lugar): indican circunstancia espacial. Nexos: donde, a donde, por donde... → lo coloqué donde me dijiste (ahí)
Modales (o de modo): indican el modo como se ejecuta la proposición principal. Nexos: como, según, conforme, como si... → Lo hice como me dijiste (así)
Comparativas: indican comparación de igualdad, inferioridad o superioridad respecto a la proposición principal.→ Compraremos tantos libros como quieras (muchos)

Las Oraciones Subordinadas Sustantivas son aquellas que desempeñan funciones sintácticas propias del sustantivo. Se clasifican en:
SS. de Sujeto: me gusta que vengas pronto (eso)
SS. de C. Directole pregunté si vendría. Me dijo que no vendría (esto)
SS. de C. Indirecto: dieron los permisos a los que los solicitaron (ellos)
SS. de C. del NombreTengo la certeza de que volverá (eso)
SS. de C. del AdjetivoParecía feliz de que la hubiese recuperado (eso)
SS. de C. del AdverbioElla estaba muy lejos de los que amaba (ellos)
SS. de Suplemento o Régimenhabló de que era mejor no venir (eso)
SS. de Atributoel hecho es que no lo hizo (ese)
Las Subordinadas Sustantivas se unen a la Oración Principal mediante:
nexos: que, el que, el hecho de que, etc.
pronombres interrogativos: qué, cuál, quién, etc.
adverbios interrogativos: cuánto, cómo, cuándo, dónde, etc.

SUBORDINADAS ADJETIVAS:

Las subordinadas adjetivas (o de relativo) son aquellas que desempeñan la función de un adjetivo. Vienen introducidas por los siguientes nexos:
que : El libro que me prestaste era muy bueno (interesante)
quienEl chico, a quien saludaste, es muy simpático (agradable)
el cualLos estudiantes, los cuales han estudiado, aprobarán (estudiosos)

cuyo: En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no puedo acordarme (desconocido)

sábado, 30 de abril de 2016

TRABAJO DÉCIMO

         1. Realice los talleres de los ensayos:
El  emperador amarillo
Antología del pan
Yo siempre tengo razón  
Nota: Los ensayos se encuentran en el libro de texto. Desarrolle el trabajo en su cuaderno.

      2. Investigue el ensayo de “Ética para Amador” de Fernando Savater. Haga una síntesis de la obra, escriba su comentario y realice una biografía del autor. Presente su trabajo en hojas de carpeta. Recuerde no copiar textualmente documentos de internet, ya que de ser este el caso su trabajo no recibirá calificación. 
       


   LOS TRABAJOS SE RECIBIRÁN EL DÍA VIERNES 6 DE MAYO Y JUEVES 5 EN EL CASO DE DÉCIMO G.