domingo, 19 de febrero de 2017

CUENTO DÉCIMO

LA MUJER ESQUELETO
Tradición oral esquimal

       Había hecho algo que su padre no aprobaba, aunque ya nadie recordaba lo que era. Pero su padre la había arrastrado al acantilado y la había arrojado al mar. Allí los peces se comieron su carne y le arrancaron los ojos. Mientras yacía bajo la superficie del mar, su esqueleto daba vueltas y más vueltas en medio de las corrientes.
       Un día vino un pescador a pescar, bueno, en realidad, antes venían muchos pescadores a esta bahía. Pero aquel pescador se había alejado mucho del lugar donde vivía y no sabía que los pescadores de la zona procuraban no acercarse por allí, pues decían que en la cala había fantasmas.
       El anzuelo del pescador se hundió en el agua y quedó prendido nada menos que en los huesos de la caja torácica de la Mujer Esqueleto. El pescador pensó: « ¡He pescado uno muy gordo! ¡Uno de los más gordos! » Ya estaba calculando mentalmente cuántas personas podrían alimentarse con aquel pez tan grande, cuánto tiempo les duraría y cuánto tiempo él se podría ver libre de la ardua tarea de cazar. Mientras luchaba denodadamente con el enorme peso que colgaba del anzuelo, el mar se convirtió en una agitada espuma que hacía balancear y estremecer el kayak, pues la que se encontraba debajo estaba tratando de desengancharse. Pero, cuanto más se esforzaba, más se enredaba con el sedal. A pesar de su resistencia, fue inexorablemente arrastrada hacia arriba, remolcada por los huesos de sus propias costillas.
       El cazador, que se había vuelto de espaldas para recoger la red, no vio cómo su calva cabeza surgía de entre las olas, no vio las minúsculas criaturas de coral brillando en las órbitas de su cráneo ni los crustáceos adheridos a sus viejos dientes de marfil. Cuando el pescador se volvió de nuevo con la red, todo el cuerpo de la mujer había aflorado a la superficie y estaba colgando del extremo del kayak, prendido por uno de sus largos dientes frontales.
       « ¡Ay!», gritó el hombre mientras el corazón le caía hasta las rodillas, sus ojos se hundían aterrorizados en la parte posterior de la cabeza y las orejas se le encendían de rojo. « ¡Ay!», volvió a gritar, golpeándola con el remo para desengancharla de la proa y remando como un desesperado rumbo a la orilla. Como no se daba cuenta de que la mujer estaba enredada en el sedal, se pegó un susto tremendo al verla de nuevo, pues parecía que ésta se hubiera puesto de puntillas sobre el agua y lo estuviera persiguiendo. Por mucho que zigzagueara con el kayak, ella no se apartaba de su espalda, su aliento se propagaba sobre la superficie del agua en nubes de vapor y sus brazos se agitaban como si quisieran agarrarlo y hundirlo en las profundidades.
       « ¡Aaaaayy!», gritó el hombre con voz quejumbrosa mientras se acercaba a la orilla. Saltó del kayak con la caña de pescar y echó a correr, pero el cadáver de la Mujer Esqueleto, tan blanco como el coral, lo siguió brincando a su espalda, todavía prendido en el sedal. El hombre corrió sobre las rocas y ella lo siguió. Corrió sobre la tundra helada y ella lo siguió. Corrió sobre la carne puesta a secar y la hizo pedazos con sus botas de piel de foca.
       La mujer lo seguía por todas partes e incluso había agarrado un poco de pescado helado mientras él la arrastraba en pos de sí. Y ahora estaba empezando a comérselo, pues llevaba muchísimo tiempo sin llevarse nada a la boca. Al final, el hombre llegó a su casa de hielo, se introdujo en el túnel y avanzó a gatas hacia el interior. Sollozando y jadeando permaneció tendido en la oscuridad mientras el corazón le latía en el pecho como un gigantesco tambor. Por fin estaba a salvo, sí, a salvo gracias a los dioses, gracias al Cuervo, sí, y a la misericordiosa Sedna, estaba... a salvo..., por fin.
Pero, cuando encendió su lámpara de aceite de ballena, la vio allí acurrucada en un rincón sobre el suelo de nieve de su casa, con un tajón sobre el hombro, una rodilla en el interior de la caja torácica y un pie sobre el codo. Más tarde el hombre no pudo explicar lo que ocurrió, quizá la luz de la lámpara suavizó las facciones de la mujer o, a lo mejor, fue porque él era un hombre solitario. El caso es que se sintió invadido por una cierta compasión y lentamente alargó sus mugrientas manos y, hablando con dulzura como hubiera podido hablarle una madre a su hijo, empezó a desengancharla del sedal en el que estaba enredada.
       «Bueno, bueno.» Primero le desenredó los dedos de los pies y después los tobillos. Siguió trabajando hasta bien entrada la noche hasta que, al final, cubrió a la Mujer Esqueleto con unas pieles para que entrara en calor y le colocó los huesos en orden tal como hubieran tenido que estar los de un ser humano.
       Buscó su pedernal en el dobladillo de sus pantalones de cuero y utilizó unos cuantos cabellos suyos para encender un poco más de fuego. De vez en cuando la miraba mientras untaba con aceite la valiosa madera de su caña de pescar y enrollaba el sedal de tripa. Y ella, envuelta en las pieles, no se atrevía a decir ni una sola palabra, pues temía que aquel cazador la sacara de allí, la arrojara a las rocas de abajo y le rompiera todos los huesos en pedazos.
       El hombre sintió que le entraba sueño, se deslizó bajo las pieles de dormir y enseguida empezó a soñar. A veces, cuando los seres humanos duermen, se les escapa una lágrima de los ojos. No sabemos qué clase de sueño lo provoca, pero sabemos que tiene que ser un sueño triste o nostálgico. Y eso fue lo que le ocurrió al hombre.
       La Mujer Esqueleto vio el brillo de la lágrima bajo el resplandor del fuego y, de repente, le entró mucha sed. Se acercó a rastras al hombre dormido entre un crujir de huesos y acercó la boca a la lágrima. La solitaria lágrima fue como un río y ella bebió, bebió y bebió hasta que consiguió saciar su sed de muchos años.
       Después, mientras permanecía tendida al lado del hombre, introdujo la mano en el interior del hombre dormido y le sacó el corazón, el que palpitaba tan fuerte como un tambor. Se incorporó y empezó a golpearlo por ambos lados: ¡Pom, Pom!.... ¡pom, pom!
       Mientras lo golpeaba, se puso a cantar « ¡Carne, carne, carne! ¡Carne, carne, carne!». Y, cuanto más cantaba, tanto más se le llenaba el cuerpo de carne. Pidió cantando que le saliera el cabello y unos buenos ojos y unas rollizas manos. Pidió cantando la hendidura de la entrepierna, y unos pechos lo bastante largos como para envolver y dar calor y todas las cosas que necesita una mujer.
       Y, cuando terminó, pidió cantando que desapareciera la ropa del hombre dormido y se deslizó a su lado en la cama, piel contra piel. Devolvió el gran tambor, el corazón, a su cuerpo y así fue como ambos se despertaron, abrazados el uno al otro, enredados el uno en el otro después de pasar la noche juntos, pero ahora de otra manera, de una manera buena y perdurable.

       La gente que no recuerda la razón de su mala suerte dice que la mujer y el pescador se fueron y, a partir de entonces, las criaturas que ella había conocido durante su vida bajo el agua, se encargaron de proporcionarles siempre el alimento. La gente dice que es verdad y que eso es todo lo que se sabe.

martes, 31 de enero de 2017

TERCERO - IMPRIMIR DE UN SOLO LADO

LOS NADIES
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,  por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados,  corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos,  rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

EL PELIGRO

La A tiene las piernas abiertas.

La M es un subibaja que va y viene entre el cielo y el infierno.

La O un círculo cerrado, te asfixia.

La R está notoriamente embarazada.

- Todas las letras de la palabra "Amor" son peligrosas.

Cuando las palabras salen de la boca, ella las ve dibujadas en el aire.
Eduardo Galeano
HISTORIAS PERRUNAS
Ramiro Díez
No es la primera vez que sucede. Hace poco, en Río de Janeiro, Pulgoso, un perro de la calle que era amigo de todos, y que el apodo que tenía era su único nombre, vio lo mismo que todos: un incendio súbito en la favela que atacó un ranchito de cartones y de palos, que era vivienda de una mujer y sus tres hijos. La mujer había encendido una vela para pedir protección a los santos, estaba afuera, y los pequeños estaban encerrados al fondo. Llegar a ellos era cruzar un laberinto en llamas, inundado por el humo. Se formaron cadenas humanas, desesperadas, para lanzar  agua. Pero ni el agua ni los gritos ni las oraciones fueron suficientes. Nadie podía hacer nada más. Salvo Pulgoso, el perro de todos y de nadie que se lanzó para perderse entre la humareda.
Cuando todos lo daban por muerto, apareció con el pelo chamuscado, y arrastrando del pantalón a la niña más pequeña, casi asfixiada. Sin pensarlo, Pulgoso regresó al corazón de las llamas y al minuto trajo a otro niño. Indiferente a la alegría de los vecinos, Pulgoso se lanzó para rescatar al tercer niño, pero no regresó.
Al final los encontraron a los dos, con los cuerpos calcinados, al fondo del único cuartito ya convertido en cenizas.
Y volvió a suceder en Baltimore, EE.UU. Allí, Erika Poremski, salió un minuto al garaje y, en ese momento, algún dios del fuego decidió envolver su casa en llamas.  Adentro, en el cuarto de arriba, estaba su hija Viviana, de ocho meses, y en algún otro lugar su perro Polo que, seguro, había podido escapar al patio de atrás. Erika quiso regresar, pero el pasadizo ya era un infierno. Hizo un segundo intento, buscó subir, entonces se derrumbó la puerta, se agarró al pasamanos, y no se dio cuenta de que estaba al rojo vivo. Ya tenía el vestido quemado, así como parte de su cara y de sus brazos. Al fondo escuchaba el llanto de su hija, cada vez más débil. Era imposible e inútil cualquier intento de rescate.
Al final llegaron los bomberos y extinguieron el fuego. En el piso del cuarto, encontraron a la niña. Polo, el perro fiel, había logrado bajarla de la cuna y arrastrarla hasta el último rincón. Sobre la niña estaba Polo, abrazado a ella, muerto, con el cuerpo casi completamente quemado en su tarea de defenderla del fuego. Ella sufrió quemaduras en varias partes del cuerpo, pero se está recuperando. “Polo, mi perro, fue mi primer hijo. Él llegó a esta casa y luego nació Viviana, mi otra hija, a quien él le salvó la vida”, dijo Erika Poremski. En ajedrez, como en la vida, con valor, hasta el más humilde logra prodigios. Aunque parece que eso lo saben mejor los perros
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Soñé que había un grupo grande de ratones, que votaba en forma limpia, democrática, para elegir a los mejores gatos.

Solo tú logras la mejor versión de mí.

En esta Revolución nadie se cansa, ¡los del pasado no volverán! Esta es la década ganada.

VICEVERSA
Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte

tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte

tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte

o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

Mario Benedetti.










¿MILAGRO? ¡MILAGRO!

Ramiro Díez

Sucedió en Leeds, Inglaterra, en 1889. Candice Sullivan, mujer devota, iba a tener su tercer hijo. Como una bendición, los dolores del parto eran moderados y los médicos esperaban calmados aquel nacimiento que se anunciaba sin complicaciones. La sala estaba iluminada, como el rostro de aquella mujer que sabía cuán importante era traer una nueva vida. Y todo se resolvió en minutos, sin apenas un lamento de la parturienta que reflejó el esfuerzo con algunas gotas de sudor sobre su frente. El niño, que había nacido envuelto en el saco amniótico, fue liberado de aquel velo que se consideraba un buen presagio, y fue entregado a la madre.

Murmullos de satisfacción. Pero, de repente, todo se rompió con un grito reprimido de una de las enfermeras. Cuando en medio de la sorpresa todos la miraron, ella señaló al saco amniótico, sobre la mesa auxiliar, y empezó a decir “Mil…mil…milagro…”.

Otra enfermera acudió presurosa y de manera delicada levantó el saco amniótico que habían retirado del cuerpo del recién nacido. Se acercó, lo tomó entre sus manos y, sin soltarlo, cayó de rodillas. Enseguida levantó los brazos, para que todos pudieran ver el prodigio. En el saco se podían ver, de manera clara, dos palabras: “Holly Bible” (Sagrada Biblia).

Un escalofrío de asombro recorrió a los presentes. El médico, escéptico, encontró que el saco amniótico se había dejado sobre una Biblia colocada en la mesa, en cuya tapa estaban escritas las palabras “Holly Bible”. El saco se había impregnado de aquella tinta. Esa era la razón. Pero los otros no se amilanaron.

Rechazaban una explicación racional a lo que, a todas luces, era un milagro. La noticia se publicó al día siguiente en el periódico Leeds Mercury, y la casa de la parturienta se convirtió en lugar de peregrinaje para ver el saco amniótico guardado en un frasco con alcohol. Y hubo milagros. Es verdad que ningún ciego volvió a ver, pero sí alguna abuela, que ya murió, se quejó menos de dolores en la espalda.

Y durante la semana siguiente, un conocido borrachín fue menos veces al bar. Eso no se podía discutir. El médico intentó explicar de nuevo lo acontecido, pero fue silenciado. Y a partir de entonces se convirtió en un personaje odiado en el pueblo, por oponerse a los milagros. Terminó viviendo en Londres.


Ninguna persona merece tus lágrimas, y quien se las merezca no te hará llorar.


El mundo habrá acabado de joderse el día en que los hombres viajen en primera clase y la literatura en el vagón de carga.


La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.

martes, 8 de noviembre de 2016

VOCABULARIO 1 - DÉCIMO



VOCABULARIO 

Bruma:  niebla, oscuridad, sombra
Derrotero: ruta, camino, sendero
Vagido: gemido, llanto, lloriqueo  
Franquear: traspasar, cruzar, atravesar
Brusco: grosero, violento, áspero
Escrúpulos: reparo, aprensión, asco
Lúgubre: fúnebre, funesto, aciago,
Excéntrico: raro, extravagante, ridículo, estrafalario,
Polución: contaminación, inmundicia
Aplomo: seguridad, serenidad, sensatez, calma
Sugerir: proponer, insinuar, invitar, inspirar, recomendar
Ciénega: pantano, lodazal, fango
Estremecer: sacudir, agitar, vibrar, temblar
Ávidas: ansioso, afanoso, ambicioso, anheloso
Pusilánime: cobarde, miedoso, timorato
Mustio: marchito, apagado, decaído, lánguido, melancólico,  
Semblante: cara, semblante, facciones, faz, rasgos, imagen,
Ataviadas: ansioso, afanoso, ambicioso
Vulgo: plebe, pueblo, multitud, chusma, populacho
Galeno: doctor, médico
Gesticular: accionar, guiñar, manotear, bracear
Eludir: evitar, rehuir, sortear, esquivar
Indumentaria: ropa, vestimenta, vestuario
Estratagema: plan, estrategia,  táctica
Pútrido: repugnante, putrefacto, infecto
Fisura:  grieta, raja, rendija, corte, hendidura
Cebos: carnada, señuelo
Hordas: turba, tropa, ejército, caterva  
Pertinaz: persistente, duradero, prolongado, tenaz  
Horadar: perforar, agujerear, taladrar, excavar,
Adyacentes: contiguo, cercano, próximo
Frenético: exaltado, agitado, apasionad
Sobrecoger: estremecer, espantar, aterrar, horrorizar, atemorizar
Histeria: nerviosismo, agitación, alteración
Abatido: decaído, apesadumbrado, desalentado, desanimado
Decrépito: caduco, decadente, achacoso, anticuado
Proliferar: abundar, desarrollarse, multiplicarse, reproducirse, aumentar,  
Hermético: cerrado, clausurado, estanco, impenetrable,
Recaudar: cobrar, recibir, percibir, colectar, recoger
Displicente: descortés, apático, indolente
Turbio: revuelto, borroso, túrbido, sucio, nebuloso, oscuro
Furtivo: cauteloso, escondido, sigiloso, disimulado
Hostil: desfavorable, rival, adversario, enemigo
Viscosa: gelatinoso, denso, adherente, pegadizo
Escudriñar: indagar, investigar, inquirir, mirar
Esmirriada: flaca, enclenque, escuálida, raquítica
Fugaz: efímero, breve, corto, momentáneo, pasajero
Endeble: débil, flaco, delicado, enteco, frágil
Sollozo: lloriqueo, lloro, gemido, lamento, quejido
      Medrosa: miedosa, asustadiza, apocada 

miércoles, 15 de abril de 2015

TRABAJO PALABRAS VARIABLES-INVARIABLES

TRABAJO DE PALABRAS VARIABLES E INVARIABLES 

Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo.

No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta
La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.

En un beso, sabrás todo lo que he callado.

Conocer el amor de los que amamos es el fuego que alimenta la vida.

Para que nada nos separe que nada nos una.

¿Sufre más aquél que espera siempre que aquél que nunca esperó a nadie?

Si el corazón se aburre de querer para qué sirve.

Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio.

El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien, sino en el deseo de dormir junto a alguien.


El amor, por definición, es un regalo no merecido.
Soledad: una dulce ausencia de miradas.

Los mejores amigos son como las estrellas, aunque no siempre se ven, sabes que están ahí.
Los amigos se hieren con la verdad para no destruirse con las mentiras.

Los amigos son ángeles que se levantan cuando tus alas han olvidado cómo volar.
Cuando la vida te presente razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones para reír.
Aprender es como remar contra corriente: en cuanto se deja, se retrocede.

La sabiduría nos llega cuando ya no nos sirve de nada.

Yo creo que todavía no es demasiado tarde para construir una utopía que nos permita compartir la tierra.
No tenemos otro mundo al que podernos mudar.





domingo, 1 de febrero de 2015

Textos - tercero de bachillerato/ Razonamiento verbal



¿Quién pone los límites a la libertad de expresión?
Partamos de algo básico, pero esencial para la democracia y la convivencia: toda libertad se ejerce con responsabilidad. No hay ninguna (por más liberales u ortodoxos) que no contenga en sí misma un marco de referencias y contextos concretos para ejercerla sin afectar o perjudicar al otro.
Tras el atentado criminal a los miembros de la revista humorística francesa Charlie Hebdo se ha desatado la apología sobre una supuesta libertad de expresión absoluta, incuestionable, ilimitada y garantizada solo por el “hago y digo lo que me da la gana”.
Incluso hemos escuchado toda clase de blasfemia en nombre de esa libertad de expresión y una victimización sin nombre de quienes son los que más la usan, de todas las formas, en todos los formatos y bajo aparentes discursos diversos, cuando en realidad son la caja de resonancia de un mismo formato ideológico y político.
Ya no son algunos ‘autoritarios’, ‘tiranos’ o ‘populistas’ los que señalan que la libertad de expresión tiene unos límites. Empezando por el papa Francisco, intelectuales liberales, autoridades políticas y teóricos de la comunicación han coincidido en que esos límites están sobre todo definidos por cada ciudadano. Eso es lo fundamental. Pero ese ciudadano sabe que su libertad mal usada, a veces con fines protervos o difamatorios, tiene unas consecuencias concretas.
Ahora, a aquellos periodistas y analistas ‘puros’, absolutistas y ultra liberales les salió uno de los maestros del periodismo al que alaban, citan y dicen seguir su ejemplo. Les pidió que la libertad de expresión sea usada respetando al otro, autoimponiéndose unos límites y, sobre todo, pensando en la verdadera razón de ser de esa libertad. Se trata del periodista colombiano Javier Darío Restrepo. Nadie puede decir que él es un ‘acólito’ de los gobiernos progresistas y mucho menos es un partidario de leyes de comunicación. Sobre todo es un ciudadano responsable y un periodista ético con su oficio y con sus audiencias. ¿Esta vez les falló Restrepo a los periodistas locales que abogan por una libertad absoluta sin restricción alguna? Ese periodista colombiano ha dicho: “La libertad que elimina todos los obstáculos para decir o escribir lo que uno quiera resulta tan absurda como la que pretendía tener un taxista que reaccionó cuando su pasajero le pidió apagar el cigarrillo que acababa de encender: Estoy en mi taxi y aquí hago lo que me da la gana y lo echo a usted si me da la gana”.
Lo que en realidad preocupa de todo este debate es para qué quieren usar la libertad de expresión absoluta y sin límites ciertos periodistas y políticos, supuestos activistas y personajes anónimos de las redes sociales. ¿Para favorecer el debate y la reflexión pública? Parece que no. Y por ahí se ocultan otros propósitos y se revelan sus reales apetitos.




La promoción turística del Ecuador se cimenta en potentes valores

No hay duda de que nuestra geografía y gente son un tesoro y un enorme atractivo para el turista extranjero. Lo testimonian las centenas de miles de ciudadanos del mundo que llegan a nuestra patria cada año.
Y es verdad que un ‘empujoncito’ mediante la publicidad y promoción tradicionales hace muy bien, pero hemos comprobado que un país con estabilidad política, con un gobierno e instituciones legítimos, con infraestructura y seguridad, además de tesoros naturales valiosos, es el gran ‘gancho’.
Hemos crecido en cifras y en demanda, pero no es suficiente. Un país turístico debe cuidar su patrimonio y no someterse a la lógica del mercado homogeneizador. Si por algo nos visitan es porque somos diferentes y tenemos potentes valores y virtudes propias.
Para fortalecer la llamada ‘industria sin chimeneas’ hace falta también construir un ambiente de armonía, que destierre a esos agoreros del desastre que hablan de un país que está solo en sus cabezas para abjurar de todas nuestras bondades y talento.

La Celac coloca a América Latina en otra dimensión

El futuro está a la vista: los bloques económicos y políticos marcarán el devenir de las naciones. Y en esa perspectiva histórica se instala la Comunidad de Estados Latinoamericanos y el Caribe (Celac). Además, en un momento donde el predominio de las soberanías y la autodeterminación son el signo más fuerte de nuestra región. Por supuesto, debimos aguardar muchos años y superar algunos obstáculos para consolidar la unidad regional. Por lo pronto, lo más urgente es que esta comunidad avance en lo fundamental: desterrar la pobreza extrema y reducir significativamente la inequidad que han sido las dos lacras del continente. Y el que Ecuador asuma la presidencia pro témpore también nos obliga a varias tareas: que la vocería política sea para sustentar con mayor rigor nuestra presencia en el mundo. América Latina se mira con respeto y hasta con admiración en otros lados. De ahí que este año ofrece una gran oportunidad para consolidar nuestras soberanías y el devenir a favor de los pueblos.

 Editoriales diario El Telégrafo

LA NIÑA SIN ESCUELA
Una mañana invernal de 1900, una niña de once años fue acusada de haber robado algún libro de su escuela.
La niña se defendió y demostró que nada tenía, pero en ese momento ya se había desatado la irracionalidad grupal, y una compañerita la insultó por no tener padre, y le arrojó una piedra.

Entonces las demás niñas se sumaron a la locura colectiva y ante la lluvia de insultos y piedras, la niña huyó de la escuela para no regresar jamás.
Era mentira que hubiera robado algo, pero era verdad que ahora no tenía padre. Alguna vez lo tuvo, pero la había abandonado cuando ella apenas tenía tres años. La niña se llamaba Lucila Godoy Alcayaga.
Sí: Lucila Godoy Alcayaga. El mundo después la conoció como Gabriela Mistral, chilena, y Premio Nobel de Literatura y era la primera vez que el máximo galardón de la literatura universal era entregado a Latinoamérica.

EL SOLDADO DEL TERROR
Hubo un niño, hijo de actores, que quedó solo en el mundo: su padre lo abandonó, y al poco tiempo su madre murió. Para recaudar fondos y ayudarlo, un hombre de negocios decidió montar una obra de teatro.
En la obra llamada “La Monja Siniestra”, la actriz era una mujer a la que los hombres del pueblo la conocían muy bien, precisamente por su profesión nada parecida a la de monja…
Quizás por ver a la mujer en tan extraño vestido de monja, en un papel muy ajeno a su oficio y vocación, o quizás por ayudar al huérfano, el teatro se llenó hasta los topes.
Y en una escena, la monja encendía una antorcha para guiarse en la oscuridad. La monja siniestra encendió la antorcha y de paso encendió las cortinas y metió fuego a todo el teatro.
La obra concluyó con casi cien víctimas, quemadas o aplastadas en medio del terror colectivo. No quedó ni un centavo de utilidad.
Ese niño que empezaba de manera tan tormentosa su vida, se llama Edgar Allan Poe. Y su vida siempre fue un vértigo de dramas sin fin.
Poe, el maestro del relato corto, del suspenso y el terror, durante algunos años prestó servicio militar con un nombre ficticio.
Allí, en la milicia, se llamaba Edgar A. Perry y fue expulsado por no ir a misa, por jugar ajedrez, y por leer demasiado.

Textos de Ramiro Diez