domingo, 15 de enero de 2017

CUENTO DÉCIMO

FRANCISCA Y LA MUERTE
Onelio  Jorge Cardoso

Al poeta, compañero y amigo moldavo,
Petru Zadniprn, quien me contó esta respuesta de su mamá.

— Santos y buenos días — dijo la muerte, y ninguno de los presentes la pudo reconocer. ¡Claro!, venía la parca con su trenza retorcida bajo el sombrero y su mano amarilla al bolsillo.
— Si no molesto — dijo—, quisiera saber dónde vive la señora Francisca.
— Pues mire — le respondieron, y asomándose a la puerta, señaló un hombre con su dedo rudo de labrador:
— Allá por las cañas bravas que bate el viento, ¿ve? Hay un camino que sube la colina. Arriba hallará la casa.
«Cumplida está» — pensó la muerte y dando las gracias echó a andar por el camino aquella mañana que, precisamente, había pocas nubes en el cielo y todo el azul resplandecía de luz.
Andando pues, miró la muerte la hora y vio que eran las siete de la mañana. Para la una y cuarto, pasado el meridiano, estaba en su lista cumplida ya la señora Francisca.
«Menos mal, poco trabajo; un solo caso», se dijo satisfecha de no fatigarse la muerte y siguió su paso, metiéndose ahora por el camino apretado de romerillo y rocío.
Efectivamente, era el mes de mayo y con los aguaceros caídos no hubo semilla silvestre ni brote que se quedara bajo tierra sin salir al sol. Los retoños de las ceibas eran pura caoba transparente. El tronco de la guayaba soltaba, a espacios, la corteza, dejando ver la carne limpia de la madera. Los cañaverales no tenían una sola hoja amarilla. Verde era todo, desde el suelo al aire y un olor a vida subiendo de las flores.
Natural que la muerte se tapara la nariz. Lógico también que ni siquiera mirara tanta rama llena de nido, ni tanta abeja con su flor. Pero, ¿qué hacerse?; estaba la muerte de paso por aquí, sin ser su reino.
Así, pues, echó y echó la muerte por los caminos hasta llegar a casa de Francisca:
— Por favor, con Panchita — dijo adulona la muerte.
— Abuela salió temprano — contestó una nieta de oro, un poco temerosa aunque la parca seguía con su trenza bajo el sombrero y la mano en el bolsillo.
— ¿Y a qué hora regresa? — preguntó.
— ¡Quién lo sabe! — dijo la madre de la niña—. Depende de los quehaceres. Por el campo anda, trabajando.
Y la muerte se mordió el labio. No era para menos seguir dando rueda por tanto mundo bonito y ajeno.
— Hace mucho sol. ¿Puedo esperarla aquí?
— Aquí quien viene tiene su casa. Pero puede que ella no regrese hasta el anochecer o la noche misma.
« ¡Contra!», pensó la muerte, «se me irá el tren de las cinco. No; mejor voy a buscarla». Y levantando su voz, dijo la muerte:
— ¿Dónde, al fijo, pudiera encontrarla ahora?
— De madrugada salió a ordeñar. Seguramente estará en el maíz, sembrando.
— ¿Y dónde está el maizal? — preguntó la muerte.
— Siga la cerca y luego verá el campo arado detrás.
— Gracias — dijo seca la muerte y echó a andar de nuevo.
Pero miró todo el extenso campo arado y no había un alma en él. Sólo garzas. Soltose la trenza la muerte y rabió:
« ¡Vieja andariega, dónde te habrás metido!» Escupió y continuó su sendero sin tino.
Una hora después de tener la trenza ardida bajo el sombrero y la nariz repugnada de tanto olor a hierba nueva, la muerte se topó con un caminante:
— Señor, ¿pudiera usted decirme dónde está Francisca por estos campos?
— Tiene suerte — dijo el caminante—, media hora lleva en casa de los Noriegas. Está el niño enfermo y ella fue a sobarle el vientre.
— Gracias — dijo la muerte como un disparo, y apretó el paso.
Duro y fatigoso era el camino. Además ahora tenía que hacerlo sobre un nuevo terreno arado, sin trillo, y ya se sabe cómo es de incómodo sentar el pie sobre el suelo irregular y tan esponjoso de frescura, que se pierde la mitad del esfuerzo. Así por tanto, llegó la muerte hecha una lástima a casa de los Noriegas:
— Con Francisca, a ver si me hace el favor.
— Y se marchó.
— ¡Pero, cómo! ¿Así, tan de pronto?
— ¿Por qué tan de pronto? — le respondieron—. Sólo vino a ayudarnos con el niño y ya lo hizo. ¿A qué viene extrañarse?
— Bueno..., verá — dijo la muerte turbada—, es que siempre una hace su sobremesa en todo, digo yo.
— Entonces usted no conoce a Francisca.
— Tengo sus señas — dijo burocrática la Impía.
— A ver; dígalas — esperó la madre. Y la muerte dijo:
— Pues..., con arrugas; desde luego ya son sesenta años...
— ¿Y qué más?
— Verá..., el pelo blanco..., casi ningún diente propio..., la nariz, digamos...
— ¿Digamos qué?
— Filosa.
— ¿Eso es todo?
— Bueno..., por demás nombre y dos apellidos.
— Pero usted no ha hablado de sus ojos.
— Bien; nublados..., sí, nublados han de ser..., ahumados por los años.
— No, no la conoce — dijo la mujer—. Todo lo dicho está bien, pero no los ojos. Tiene menos tiempo en la mirada. Ésa, quien usted busca, no es Francisca.
Y salió la muerte otra vez al camino. Iba ahora indignada, sin preocuparse mucho por la mano y la trenza, que medio se le asomaba bajo el ala del sombrero.
Anduvo y anduvo. En casa de los González le dijeron que estaba Francisca a un tiro de ojo de allí, cortando pangola para la vaca de los nietos. Mas, sólo vio la muerte la pangola recién cortada y nada de Francisca, ni siquiera la huella menuda de su paso.
Entonces la muerte, quien ya tenía los pies hinchados dentro de los botines enlodados, y la camisa negra, más que sudada, sacó su reloj y consultó la hora:
— ¡Dios! ¡Las cuatro y media! ¡Imposible! ¡Se me va el tren!
Y echó la muerte de regreso, maldiciendo.
Mientras, a dos kilómetros de allí, escardaba de malas hierbas Francisca el jardincito de la escuela. Un viejo conocido pasó a caballo y, sonriéndole, le tiró a su manera el saludo cariñoso:
— Francisca, ¿cuándo te vas a morir?
Ella se incorporó asomando medio cuerpo sobre las rosas y le devolvió el saludo alegre:
— Nunca — dijo—, siempre hay algo que hacer.



sábado, 7 de enero de 2017

TEXTO DÉCIMO

LA TUNDA
La Tunda no es negra, es negrísima, como una noche sin luna ni estrellas en una casa sin puertas ni ventanas. LaTunda no tiene boca, ni siquiera bemba, sino bembisisísima, es decir, una bemba así y asá. En vez de pierna derecha maneja una pata de molinillo que suena tum tum cuando camina por el monte, más cuando ella sonríe se ilumina la noche, llueven cocos recién pelados y vuelan mariposas blancas. Entonces la gente que sabe, se da cuenta de que la Tunda anda cerca, lo que significa que de inmediato debe seguir el consejo de mi abuela que siempre dice “el que juye vive, mijito”. Y es que la Tunda no vive allá, sino allú, o sea, más lejos que allá, pero cuando se viene pacá, es decir, más cerca que acá, la cosa se va poniendo color de hormiga y más tarde olor a guineo pecoso, porque el rato menos pensado, y a veces también el más pensado, se aparece meneando las caderas en los caminos y, con su monstruosa coquetería, convence al caminante distraído para que se coma un “tapao e camarón” hecho por ella. Sí, escucharon bien, un “tapao” que por si no lo saben, es un preparado de la cocina esmeraldeña que sabe a paraíso, a gloria y a cielo, al mismo tiempo. Como dice la misma Tunda “más rico que un tapao de camarón, sólo un tapao de camarón hecho por yo”, así es que como comprenderían, el caminante acepta la invitación muerto del gusto, en especial si ya son más de la tres de la tarde y no ha comido sino un par de majajas frías .Una vez instalado selva adentro, los camarones preparados con yerbas secretas se deshacen en la boca del invitado. La Tunda, vestida con una preciosa pollera coloraa, se deleita preguntándole cada cinco minutos “¿más?”, y el caminante sólo atina a decir que “sí” con la cabeza, mientras la boca llena de saliva aguada y de una lengua golosa, no deja de saborear el mágico tapao. Al cabo de diez o doce platos, la Tunda ha encendido ya su cachimba de carrizo y, con las piernas cruzadas, fuma tranquila al pie de un guabo o de un manguero, lo que esté más cerca de sus anchas espaldas. Mientras tanto, satisfecho hasta los huesos, el invitado sorbe tragos lentos de un tazón de agua zurumba que ella mismo le ha preparado con puñados de panela y filosas hojas de limoncillo.
Es en ese instante cuando todo empieza a transformarse pues, de pronto -más que de lento- la Tunda se pone cada vez más hermosa ante los ojos del hombre, en tanto esté comienza a sentir mariposas blancas en la cabeza: al principio es apenas un aleteo suavecito, luego un zumbido parecido al de las avispas negras luego de una larga lluvia de verano, y poco más tarde un estruendo insoportable, como si millones de murciélagos le revolotearan desesperados entre ceja, oreja y sien. El tipo piensa que es la indigestión pero no, no es la indigestión, lo que le pasa es que se acaba de ser “entundado”, es decir, enloquecido por la Tunda. Desde entonces se la pasará recitándole décimas que hablarán de su gran-belleza-nocturna, poniéndole hojas de plátano en el suelo para que no se ensucie la sucia pata de molinillo, haciéndole trencitas de colores en las greñas sin remedio, besándole las enormes manos callosas cada cinco minutos, y preparándole sendos sudados de pescao, puzandaos de gallina prieta y encocaos de cangrejo para los increíbles almuerzos que se despacha la señorita Tunda, una vez que consigue quien le sirva.
Según cuentan, esta hijita del diablo con una princesa negra disfruta a su anchas de ese “amor” loco durante un tiempo hasta que se abomba (quiero decir se cansa) y abandona el entundao que, como comprenderán, queda desconsolado. Entonces, brincando y saltando, bailando y danzando, caminando y andando, desde alluj se zumba quien entunda, y así sucesivamente, hasta que se acabe el currulao o se muera el bembé.
Y a propósito, en este terrible momento en que no he comido sino un casabe frio, ¿no hueles ese tapao de camarón revoloteando en el aire? Mmmm, sí, es un tapao de camarón. Pues, ¿quieres que te diga la verdad? Ya no aguanto más. Yo me voy por esa veredita alegre pallá, pal monte, a comé, a comé mi tapao… y tú, ¿qué?, ¿no vienes también?

LEYENDAS DEL ECUADOR (Edgar Allan García)


martes, 8 de noviembre de 2016

VOCABULARIO 1 - DÉCIMO



VOCABULARIO 

Bruma:  niebla, oscuridad, sombra
Derrotero: ruta, camino, sendero
Vagido: gemido, llanto, lloriqueo  
Franquear: traspasar, cruzar, atravesar
Brusco: grosero, violento, áspero
Escrúpulos: reparo, aprensión, asco
Lúgubre: fúnebre, funesto, aciago,
Excéntrico: raro, extravagante, ridículo, estrafalario,
Polución: contaminación, inmundicia
Aplomo: seguridad, serenidad, sensatez, calma
Sugerir: proponer, insinuar, invitar, inspirar, recomendar
Ciénega: pantano, lodazal, fango
Estremecer: sacudir, agitar, vibrar, temblar
Ávidas: ansioso, afanoso, ambicioso, anheloso
Pusilánime: cobarde, miedoso, timorato
Mustio: marchito, apagado, decaído, lánguido, melancólico,  
Semblante: cara, semblante, facciones, faz, rasgos, imagen,
Ataviadas: ansioso, afanoso, ambicioso
Vulgo: plebe, pueblo, multitud, chusma, populacho
Galeno: doctor, médico
Gesticular: accionar, guiñar, manotear, bracear
Eludir: evitar, rehuir, sortear, esquivar
Indumentaria: ropa, vestimenta, vestuario
Estratagema: plan, estrategia,  táctica
Pútrido: repugnante, putrefacto, infecto
Fisura:  grieta, raja, rendija, corte, hendidura
Cebos: carnada, señuelo
Hordas: turba, tropa, ejército, caterva  
Pertinaz: persistente, duradero, prolongado, tenaz  
Horadar: perforar, agujerear, taladrar, excavar,
Adyacentes: contiguo, cercano, próximo
Frenético: exaltado, agitado, apasionad
Sobrecoger: estremecer, espantar, aterrar, horrorizar, atemorizar
Histeria: nerviosismo, agitación, alteración
Abatido: decaído, apesadumbrado, desalentado, desanimado
Decrépito: caduco, decadente, achacoso, anticuado
Proliferar: abundar, desarrollarse, multiplicarse, reproducirse, aumentar,  
Hermético: cerrado, clausurado, estanco, impenetrable,
Recaudar: cobrar, recibir, percibir, colectar, recoger
Displicente: descortés, apático, indolente
Turbio: revuelto, borroso, túrbido, sucio, nebuloso, oscuro
Furtivo: cauteloso, escondido, sigiloso, disimulado
Hostil: desfavorable, rival, adversario, enemigo
Viscosa: gelatinoso, denso, adherente, pegadizo
Escudriñar: indagar, investigar, inquirir, mirar
Esmirriada: flaca, enclenque, escuálida, raquítica
Fugaz: efímero, breve, corto, momentáneo, pasajero
Endeble: débil, flaco, delicado, enteco, frágil
Sollozo: lloriqueo, lloro, gemido, lamento, quejido
      Medrosa: miedosa, asustadiza, apocada 

miércoles, 15 de abril de 2015

TRABAJO PALABRAS VARIABLES-INVARIABLES

TRABAJO DE PALABRAS VARIABLES E INVARIABLES 

Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo.

No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta
La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.

En un beso, sabrás todo lo que he callado.

Conocer el amor de los que amamos es el fuego que alimenta la vida.

Para que nada nos separe que nada nos una.

¿Sufre más aquél que espera siempre que aquél que nunca esperó a nadie?

Si el corazón se aburre de querer para qué sirve.

Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio.

El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien, sino en el deseo de dormir junto a alguien.


El amor, por definición, es un regalo no merecido.
Soledad: una dulce ausencia de miradas.

Los mejores amigos son como las estrellas, aunque no siempre se ven, sabes que están ahí.
Los amigos se hieren con la verdad para no destruirse con las mentiras.

Los amigos son ángeles que se levantan cuando tus alas han olvidado cómo volar.
Cuando la vida te presente razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones para reír.
Aprender es como remar contra corriente: en cuanto se deja, se retrocede.

La sabiduría nos llega cuando ya no nos sirve de nada.

Yo creo que todavía no es demasiado tarde para construir una utopía que nos permita compartir la tierra.
No tenemos otro mundo al que podernos mudar.





domingo, 1 de febrero de 2015

Textos - tercero de bachillerato/ Razonamiento verbal



¿Quién pone los límites a la libertad de expresión?
Partamos de algo básico, pero esencial para la democracia y la convivencia: toda libertad se ejerce con responsabilidad. No hay ninguna (por más liberales u ortodoxos) que no contenga en sí misma un marco de referencias y contextos concretos para ejercerla sin afectar o perjudicar al otro.
Tras el atentado criminal a los miembros de la revista humorística francesa Charlie Hebdo se ha desatado la apología sobre una supuesta libertad de expresión absoluta, incuestionable, ilimitada y garantizada solo por el “hago y digo lo que me da la gana”.
Incluso hemos escuchado toda clase de blasfemia en nombre de esa libertad de expresión y una victimización sin nombre de quienes son los que más la usan, de todas las formas, en todos los formatos y bajo aparentes discursos diversos, cuando en realidad son la caja de resonancia de un mismo formato ideológico y político.
Ya no son algunos ‘autoritarios’, ‘tiranos’ o ‘populistas’ los que señalan que la libertad de expresión tiene unos límites. Empezando por el papa Francisco, intelectuales liberales, autoridades políticas y teóricos de la comunicación han coincidido en que esos límites están sobre todo definidos por cada ciudadano. Eso es lo fundamental. Pero ese ciudadano sabe que su libertad mal usada, a veces con fines protervos o difamatorios, tiene unas consecuencias concretas.
Ahora, a aquellos periodistas y analistas ‘puros’, absolutistas y ultra liberales les salió uno de los maestros del periodismo al que alaban, citan y dicen seguir su ejemplo. Les pidió que la libertad de expresión sea usada respetando al otro, autoimponiéndose unos límites y, sobre todo, pensando en la verdadera razón de ser de esa libertad. Se trata del periodista colombiano Javier Darío Restrepo. Nadie puede decir que él es un ‘acólito’ de los gobiernos progresistas y mucho menos es un partidario de leyes de comunicación. Sobre todo es un ciudadano responsable y un periodista ético con su oficio y con sus audiencias. ¿Esta vez les falló Restrepo a los periodistas locales que abogan por una libertad absoluta sin restricción alguna? Ese periodista colombiano ha dicho: “La libertad que elimina todos los obstáculos para decir o escribir lo que uno quiera resulta tan absurda como la que pretendía tener un taxista que reaccionó cuando su pasajero le pidió apagar el cigarrillo que acababa de encender: Estoy en mi taxi y aquí hago lo que me da la gana y lo echo a usted si me da la gana”.
Lo que en realidad preocupa de todo este debate es para qué quieren usar la libertad de expresión absoluta y sin límites ciertos periodistas y políticos, supuestos activistas y personajes anónimos de las redes sociales. ¿Para favorecer el debate y la reflexión pública? Parece que no. Y por ahí se ocultan otros propósitos y se revelan sus reales apetitos.




La promoción turística del Ecuador se cimenta en potentes valores

No hay duda de que nuestra geografía y gente son un tesoro y un enorme atractivo para el turista extranjero. Lo testimonian las centenas de miles de ciudadanos del mundo que llegan a nuestra patria cada año.
Y es verdad que un ‘empujoncito’ mediante la publicidad y promoción tradicionales hace muy bien, pero hemos comprobado que un país con estabilidad política, con un gobierno e instituciones legítimos, con infraestructura y seguridad, además de tesoros naturales valiosos, es el gran ‘gancho’.
Hemos crecido en cifras y en demanda, pero no es suficiente. Un país turístico debe cuidar su patrimonio y no someterse a la lógica del mercado homogeneizador. Si por algo nos visitan es porque somos diferentes y tenemos potentes valores y virtudes propias.
Para fortalecer la llamada ‘industria sin chimeneas’ hace falta también construir un ambiente de armonía, que destierre a esos agoreros del desastre que hablan de un país que está solo en sus cabezas para abjurar de todas nuestras bondades y talento.

La Celac coloca a América Latina en otra dimensión

El futuro está a la vista: los bloques económicos y políticos marcarán el devenir de las naciones. Y en esa perspectiva histórica se instala la Comunidad de Estados Latinoamericanos y el Caribe (Celac). Además, en un momento donde el predominio de las soberanías y la autodeterminación son el signo más fuerte de nuestra región. Por supuesto, debimos aguardar muchos años y superar algunos obstáculos para consolidar la unidad regional. Por lo pronto, lo más urgente es que esta comunidad avance en lo fundamental: desterrar la pobreza extrema y reducir significativamente la inequidad que han sido las dos lacras del continente. Y el que Ecuador asuma la presidencia pro témpore también nos obliga a varias tareas: que la vocería política sea para sustentar con mayor rigor nuestra presencia en el mundo. América Latina se mira con respeto y hasta con admiración en otros lados. De ahí que este año ofrece una gran oportunidad para consolidar nuestras soberanías y el devenir a favor de los pueblos.

 Editoriales diario El Telégrafo

LA NIÑA SIN ESCUELA
Una mañana invernal de 1900, una niña de once años fue acusada de haber robado algún libro de su escuela.
La niña se defendió y demostró que nada tenía, pero en ese momento ya se había desatado la irracionalidad grupal, y una compañerita la insultó por no tener padre, y le arrojó una piedra.

Entonces las demás niñas se sumaron a la locura colectiva y ante la lluvia de insultos y piedras, la niña huyó de la escuela para no regresar jamás.
Era mentira que hubiera robado algo, pero era verdad que ahora no tenía padre. Alguna vez lo tuvo, pero la había abandonado cuando ella apenas tenía tres años. La niña se llamaba Lucila Godoy Alcayaga.
Sí: Lucila Godoy Alcayaga. El mundo después la conoció como Gabriela Mistral, chilena, y Premio Nobel de Literatura y era la primera vez que el máximo galardón de la literatura universal era entregado a Latinoamérica.

EL SOLDADO DEL TERROR
Hubo un niño, hijo de actores, que quedó solo en el mundo: su padre lo abandonó, y al poco tiempo su madre murió. Para recaudar fondos y ayudarlo, un hombre de negocios decidió montar una obra de teatro.
En la obra llamada “La Monja Siniestra”, la actriz era una mujer a la que los hombres del pueblo la conocían muy bien, precisamente por su profesión nada parecida a la de monja…
Quizás por ver a la mujer en tan extraño vestido de monja, en un papel muy ajeno a su oficio y vocación, o quizás por ayudar al huérfano, el teatro se llenó hasta los topes.
Y en una escena, la monja encendía una antorcha para guiarse en la oscuridad. La monja siniestra encendió la antorcha y de paso encendió las cortinas y metió fuego a todo el teatro.
La obra concluyó con casi cien víctimas, quemadas o aplastadas en medio del terror colectivo. No quedó ni un centavo de utilidad.
Ese niño que empezaba de manera tan tormentosa su vida, se llama Edgar Allan Poe. Y su vida siempre fue un vértigo de dramas sin fin.
Poe, el maestro del relato corto, del suspenso y el terror, durante algunos años prestó servicio militar con un nombre ficticio.
Allí, en la milicia, se llamaba Edgar A. Perry y fue expulsado por no ir a misa, por jugar ajedrez, y por leer demasiado.

Textos de Ramiro Diez

sábado, 24 de enero de 2015

HOJAS DE TRABAJO - RAZONAMIENTO VERBAL - TERCERO DE BACHILLERATO




1. A la Naturaleza
Ralph Waldo Emerson
Para entrar en soledad un hombre necesita tanto retirarse de su habitación como de la sociedad. Yo no soy solitario mientras leo y escribo, aunque nadie está conmigo. Pero si un hombre quiere estar solo, que mire a las estrellas. Los rayos que brotan de estos celestes mundos le separarán de las cosas vulgares. Cualquiera creería que se hizo la atmósfera transparente con objeto de dar al hombre, en los celestes cuerpos, la perpetua presencia de lo sublime. Vistos desde las calles  de las ciudades, cuán grandes son! Si las estrellas apareciesen una noche cada mil años, ¡cómo los hombres creerían y adorarían en ellas, y cómo conservarían por espacio de muchas generaciones el recuerdo de la ciudad de Dios que se les había mostrado! Pero todas las noches salen estos predicadores de la belleza y alumbran el Universo con su sonrisa amonestadora.




2. Este problema se presenta en niños de todas las edades, aunque se da principalmente en infantes de entre 11 y 13 años. Una de las causas, muchas veces es lo que se vive en el hogar. Cabe recordar que “los niños son el reflejo de los padres”, es decir,  sabemos que la familia es la primera institución moralizadora, donde un niño se desenvuelve, forma su carácter al imitar las conductas de los padres. Algo grave es la gran cantidad de familias que tienen problemas de convivencia que pueden ser originados por uno o más problemas como son: Problemas económicos, problemas de adicciones, violencia intrafamiliar, poco tiempo de calidad y convivencia, corta edad de los padres  o la irresponsabilidad de estos.



3. La educación es un concepto de suma importancia para la sociedad, ya que supone el fundamento de las relaciones entre las personas. Sin embargo, es un término de gran amplitud y complejidad, que quizás se podría definir como el conjunto de normas de conducta de la persona con su entorno social.
Francisco García


4. ¿Si la educación está cambiando?
Es una pregunta de respuestas bastante complicadas, ya que por un lado el gobierno nos bombardea con campañas sociales o “publicidades” que hacen ver que jamás el Ecuador ha vivido una transformación educativa como la que la revolución ciudadana ha conseguido, desde profesores mejor remunerados con acceso a cursos de capacitación y estudios de cuarto nivel en el extranjero hasta unidades educativas del milenio, es decir equipadas con la más alta tecnología existente al menos en el país. No obstante hay otra realidad menos visible, al menos en los medios de comunicación, por ejemplo, no se habla de la concentración desmesurada de estudiantes por aula, hablamos de un promedio de entre 45 y 60 estudiantes, de igual forma, nadie dice nada sobre muchos nuevos docentes que han ingresado al magisterio sin tener título de tercer nivel en las especialidades para las que han sido contratados, nadie habla tampoco de las instituciones educativas que no son del milenio y que por lo tanto no cuentan con una infraestructura adecuada ni con la tecnología necesaria como para que los estudiantes y docentes accedan a la información que luego se convertirá en conocimiento.



5. La libertad de expresión es el derecho que tenemos los seres humanos de expresar nuestros pensamientos o la lecturas que tenemos sobre diferentes acontecimientos de carácter social, económico, político o religioso. Ejercer una correcta libertad de expresión nos lleva a madurar como seres humanos,  pues nos permite asentir o disentir y ser parte de ese mercado de ideas que más tarde nos conduce a formarnos con  pensamiento crítico y con una posición fundamentada dentro de la sociedad.  


6. Sería ilógico pensar que el propio de la casa pudiera realizar actos que vayan en deterioro de su hogar. Sin embargo, eso es exactamente lo que pasa con la humanidad, y su hogar, el planeta tierra. El hombre, nosotros, estamos destruyendo ese ambiente en el cual vivimos todos los días.


7. ¿Subir las tarifas del transporte depende de una consulta popular?

El concepto esencial de la democracia es el del gobierno del pueblo. Así ha sido siempre. Y para ello hay varios instrumentos y mecanismos democráticos. Uno de ellos es la consulta popular. Pero de hecho es un mecanismo complejo. No solo por lo que implica en su realización, sino porque consultar al pueblo sobre todos los temas sería lo ideal, pero costoso.
De hecho, en Ecuador, en la última década todos los procesos políticos, incluidos los más difíciles, fueron determinados y, por supuesto, legitimados por la aprobación popular. Sin embargo, hay asuntos de absoluta responsabilidad de las autoridades que asumen la delegación popular.
¿No resulta fácil y algo cómodo llevar hasta la consulta la decisión de subir o no los pasajes del transporte de una ciudad? ¿Cuán responsable es proponer subir la tarifa solo si se mejora el servicio? ¿Quién garantiza que eso ocurra? Si la autoridad no ha hecho nada para eso, durante décadas, ¿por qué ahora sí es una ‘responsabilidad’ del mandante?


8. Cuba y EE.UU. dan el primer paso para un proceso largo y tenso

Con el encuentro de autoridades de alto nivel de la diplomacia de Cuba y EE.UU. se inicia ese proceso que bien pudo ocurrir décadas atrás. Las dos delegaciones las encabezan mujeres: la estadounidense Roberta Jacobson, secretaria adjunta para Latinoamérica, y la cubana Josefina Vidal, directora general para Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex).
Ellas, en la práctica, rompen el hielo de más de 50 años de las relaciones diplomáticas y, a la vez, siembran el terreno para una dura, tensa y hasta complicada tarea, por la cual millones de personas han luchado por mucho tiempo. Nadie duda que en el camino habrá asuntos difíciles, que hay sectores con ansias de que todo tropiece o se estanque.
Por eso es importante que la comunidad mundial, los principales líderes de todos los sectores y los organismos internacionales den todo el apoyo para avanzar al pleno restablecimiento de las relaciones y, sobre todo, para que el embargo inhumano termine definitivamente. 
Diario El Telégrafo