miércoles, 28 de septiembre de 2016

TEXTO 3 - SEGUNDOS BGU

CUIDADO CON ESA MUJER

Ramiro Díez
En la puerta de un banco de la ciudad, una humilde campesina, de zapatos chuecos, espaldita encorvada, con una angustia que no podía disimular, tenía en sus manos un pedazo de lotería. Enseguida se acercó a una dama encopetada y le dijo: “¿Me puede ayudar, patroncita? Necesito cobrar este premio".
A pesar de la desconfianza casi instintiva, la dama miró el número y en ese momento —¡feliz coincidencia!—, un vendedor de lotería se acercó con natural curiosidad y confirmó que ese trocito era el ganador de cincuenta mil dólares.
“¿Cincuenta? ¿Cuánto es eso? ¿Es más de tres mil setecientos?”, preguntó la campesina, y empezó a explicar, con voz entrecortada, que necesitaba tres mil setecientos para una operación y quería saber...
En ese momento la señora encopetada agarró por el brazo a la pobre mujer y le exigió al vendedor de lotería que se alejara. El hombre obedeció con alguna resistencia, sin poder ocultar su excitación y asombro. Más tranquila y alejada del corrillo que se empezaba a formar, la campesina aclaró su pregunta:
“Quiero saber si ese dinero alcanza para pagar tres mil setecientos…".
“No, mi amor, no te alcanza; pero yo los completo con mucho gusto”, dijo la dama encopetada. “Así que dame el pedazo de lotería y yo te entrego ya mismo los tres mil setecientos para la operación. Sólo tengo que sacarlos de mi cuenta. Pero te advierto que eso es mucho dinero y lo mejor es que tomes un taxi a casa. Alguien se puede aprovechar y te los puede robar. Hay gente así”.
La campesina aceptó feliz, con lágrimas de gratitud por aquel gesto bondadoso. Entregó el trozo de la lotería y se marchó con los tres mil setecientos en efectivo.
Media hora más tarde, en la oficina central de la lotería, la dama descubrió la estafa cuando supo que el boleto de la lotería era falsificado. Pero eso no se iba a quedar así. De allí corrió a la estación de Policía. Denunció, dio datos, y se realizó el identikit de la estafadora.
Después de tres días la Policía detuvo a la delincuente cerca de otro banco. Cuando la capturaron, la mujer chilló, como una ratica acorralada y se orinó en los calzones mientras la esposaban y la empujaban a la patrulla. La dama afectada identificó a la detenida, que era una estafadora y gran actriz. La noticia se conoció en todos los medios y la sociedad respiró tranquila porque tras las rejas estaba una delincuente avezada, que ya no podría repetir sus triquiñuelas.
Pero, ¿quién es la delincuente más peligrosa? ¿La mujer humilde que robó tres mil setecientos a la encopetada? ¿O la gran dama que le robó casi cincuenta mil a una pobre mujer?

La mujer pobre está tras las rejas. La otra, libre y pertenece a un grupo que hace obras de caridad. Por eso hay que estar alerta y gritar: ¡Cuidado con esa mujer! Con la encopetada, por supuesto.

domingo, 25 de septiembre de 2016

TEXTO 3 TERCEROS Y SEGUNDOS BGU

TEXTO ARGUMENTATIVO
Es un texto que presenta las opiniones del autor a partir de argumentos planteados de manera lógica y ordenada.
Características
El emisor tiene dos propósitos: tomar posición sobre un tema dado y a la vez influir sobre sus interlocutores respecto de ese tema.
El emisor desarrolla un conjunto de estrategias para convencer a los receptores.
Se plantean diferentes puntos de vista y se toma posición por uno de ellos.
Organización textual compuesta de una serie de argumentos o razonamientos que finalizan en una conclusión.
Estructura
·         Hecho (Tesis)
·         Demostración (argumentos)
·         Conclusión
Hecho o hipótesis.-  Es la aseveración que va a aceptarse, refutarse o ponerse en duda.
Demostración.- Está constituida por las diferentes secuencias argumentativas. Dichas secuencias están formadas por varios procedimientos: clarificación, ejemplificación, explicación, concesión, hesitación, etc. En las secuencias argumentativas hay conectores característicos que indican el avance en la enunciación de las ideas.
En este punto es indispensable el uso de conectores que ayuden a clarificar nuestros argumentos: Es cierto que,  pero, en cuanto a, es decir, como, por ejemplo, del mismo modo, así que, en otros términos, por otra parte, sin embargo, aunque,  desde otro punto de vista, entre otros.
Conclusión.- Constituye la tercera parte de la estructura de los textos argumentativos. El autor retoma la hipótesis inicial y demuestra la validez de su planteamiento.
1.      Lea con detenimiento el siguiente texto:
TO THINK OR NOT TO THINK, THIS IS THE REATING
Pensar o no pensar, éste es el reating                                                                                             Por: Ramiro Diez

Los humanos nos estamos quedando sin palabras. Los lingüistas afirman que usamos el 20% menos de las palabras que se utilizaban a mediados del siglo anterior. Es decir, nos estamos quedando sin cómo hablar. Mudos, para que quede claro. Y esto sí es serio. Quedarnos sin palabras es quedarnos sin pensamiento, aunque pueden existir palabras sin pensamiento: algunos políticos son un ejemplo tragicómico. Encienda en este momento la tele para que se percate de lo justo de la afirmación. Pero no puede existir pensamiento sin palabra. Piense.
Despojados de la palabra-pensamiento, estamos incapacitados para entender el mundo, para amarlo y odiarlo, para soñarlo distinto, para cambiarlo. A alguien le tiene que convenir que no podamos ni soñar ni cambiar el mundo cada vez más mudo que nos rodea.
Dicen que el arrasamiento del lenguaje tiene una causa conocida: la televisión, que nos ha convertido de homo tipógrafus en homo televidentis. Y es que no muy lejos en el tiempo las conversaciones se iniciaban con “¿Has leído…?” Ahora es: “¿Viste…?”
Antes leíamos. Ahora vemos. Cuando leíamos, imaginábamos el paisaje y el rostro del personaje, y la forma como vestía o caminaba. Y esa creación nuestra era la mejor de todas y no se parecía a ninguna, y así, cada lector volvía a escribir, a su manera, el libro.
Con la imagen no ocurre eso. Allí en la pantalla hay un rostro y un paisaje imaginados por alguien, y ese es el producto que todos consumimos. Se acabó la imaginación, porque alguien nos hizo el dudoso favor de imaginar por nosotros.
De alquimistas de ideas, de malabaristas de las palabras, nos hemos convertido en simios devoradores de imágenes y onomatopeyas. Este experimento lo hicieron en Harvard:
Los investigadores crearon una pantalla especial para transmitir a un grupo de chimpancés algunos capítulos de telenovelas conocidas, y les entregaron ladrillos de espuma. La sorpresa no fue mucha cuando los científicos constataron que los animales entendían, sin dificultad, la trama identificaban a la fulanita “mala” que se quería quedar con la herencia y el marido de la zutanita buena, y cada vez que la “mala” aparecía en pantalla le arrojaban los ladrillos con toda la furia.
¿Habrán trepado los chimpancés hasta la estatura intelectual de los televidentes? ¿O habremos sufrido un proceso involutivo que no se lo hubiera imaginado ni el mismo Darwin?
La televisión es castrante. Pero no el medio en abstracto, general. No. Es la mala, la inhumana, la feroz, vulgar y atropellante programación que en muchas partes se sufre. Con las nobles excepciones, por supuesto.
Esa pantalla podría ser una ventana a nuevas formas de enriquecernos intelectualmente. Pero la ventana se convierte en el orificio por donde se mete la cabeza para que baje la implacable cuchilla. Y es que la imagen no exige demasiados esfuerzos, ni potencia la palabra, es decir, el pensamiento.
Lo hemos visto: policía blanco persigue a malhechor negro. Disparo. Carros que chocan. Otros choques. Más disparos. Intento de fuga del negro. Salto felino del blanco. Más disparos cruzados. Todos fallan. Al final, el blanco alcanza al negro.  Entonces viene el intercambio de golpes para el inesperado desenlace: ¡pluf!, ¡pum!, ¡crash!, ¡oggghhh!, ¡paf!, ¡tum!, ¡ay!, ¡yah!, ¡eah!, ¡track! Y fin.
Lírico, el diálogo. Sutil. Preñado de sugerencias. Verde pálido de la envidia un tal Shakespeare.
En fin: ese poder castrante y embrutecedor de la facilidad de la imagen no lo habría podido crear ni el más diabólico de los científicos que se hubiera propuesto tal tarea.
Eso explica el que yo haya sido testigo interesado del dialogo de dos jovencitos. Escuché lo siguiente, palabras más, palabras menos.
“Entonces llegó el man y vio a la man con el otro man. Y entonces ¡trákata! Y el man, ¡pum! Y la man entonces, ¡chutz! Y el otro man, ¡plaf!... ¡Qué man!”
Un sustantivo para tres protagonistas y dos verbos para una historia de amor, celos y violencia. Lo más increíble: ¡el man que escuchaba la historia contada por el otro man, la entendió!
Así podríamos contar que Crimen y Castigo es un man que mata a una man y a otra man hermana de la man, y el man va a la cárcel. Con la erosión del lenguaje, resulta inútil Dostoievski. Y había un man flaco amigo de un man gordo. Y Cervantes, innecesario.
Es que, ¿qué se puede esperar? Un día, en la pantalla aparece un personaje con cara de tipo normal, potente voz, agradable dicción, y anuncia: “Ahora sí, vamos al mundo del arte”. Y nos sobresaltamos, felices, y hay un escalofrío inconfesable y quizás cursi que nos recorre, y un nudito de emoción se hace en la garganta. Beethoven. Van a hablar de Beethoven. O de Rembrandt. Y vamos a escuchar Pequeña Serenata Nocturna de Mozart interpretada por… “¡Juanes informó que está esperando su segundo hijo!... y a la cantante Shakira se le vio en un exclusivo restaurante de Miami con el hijo de un ex presidente argentino”.
Ese es el mundo del arte en televisión. Esa es la cultura de la incultura, de la más perversa y sofisticada violencia que puede sufrir el ser humano: que le conviertan a la basura en algo trascendente, y los valores trascendentes en basura.
No es solo la tele. También tenemos responsabilidad en el empobrecimiento de la cultura los que escribimos, ya sea libros, o los que publicamos en periódicos y revistas… Para no hablar de la radio, que esa es otra historia…
Volvamos con los impresos: una peste que se la habría querido Moisés contra los egipcios, sería esa horrenda literatura chatarra que inunda las librerías. Hoy vemos a Chopra y Cuauhtémoc y a otros especímenes de la fauna del pensamiento triunfalista, exitoso y epidérmico, convertidos en los adalides de la moderna filosofía.
Y los periódicos y revistas tampoco escapan a la mediocridad que galopa. La gente no lee porque es posible que lo que hoy escribimos no valga la pena ser leído.
Están lejanos los días del siglo XIX, cuando un periódico inglés tenía que hacer tirajes de doscientos mil ejemplares para satisfacer al público lector de Dickens con sus pequeñas historias. O los días en los cuales el ejército y la policía en Bogotá tenían que dispersar, a las dos de la mañana, a la gente que se agolpaba a las puertas del diario El Espectador para adquirir el periódico y poder leer la continuación de una crónica (Relato de un náufrago) de García Márquez.
Scherezada salvó su vida con la magia de la palabra. Salvó su vida, y la de todas las doncellas de aquel reino. Y salvó la vida del reino. Con la palabra. Seguro que en sus mil y una noches hubo otros lujuriosos condimentos, pero fue la palabra que permitió que la existencia tomase un rumbo digno para todos.
Todos los que vivimos el privilegio de poder decir y escribir, deberíamos evolucionar hacia aprendices de Scherezada: recuperar la palabra, descubrir la alquimia del verbo, y como brujos atrevidos, empezar a desatar las fuerzas que en la palabra se esconden, para salvar la vida.
Y, de paso, hay que empezar por el principio: a poner patas arriba este mundo que está al revés, donde nos han convertido lo vital en inútil, y lo inútil en vital.
2.- Identifique cuál es la situación argumentativa que se plantea
3.- En el texto aparecen argumentos o puntos de vista que sustentan  la afirmación principal,  descríbalos.
4.- ¿Cuáles son las estrategias que desarrolla el autor para convencer a los lectores?
5.- ¿Cuál es la conclusión de todas las argumentaciones? ¿En qué lugar del texto está?

6.- Señale en el margen las partes en que se divide este texto (tesis, demostración, conclusión)

TEXTO 3 -DÉCIMO

LA VENTANA ABIERTA
Saki - Héctor Hugh Munro

Mi tía bajará enseguida, señor Nuttel —dijo con mucho aplomo una señorita de quince años—; mientras tanto debe hacer lo posible por soportarme.
       Framton Nuttel se esforzó por decir algo que halagara debidamente a la sobrina sin dejar de tomar debidamente en cuenta a la tía que estaba por llegar. Dudó más que nunca que esta serie de visitas formales a personas totalmente desconocidas fueran de alguna utilidad para la cura de reposo que se había propuesto.
—Sé lo que ocurrirá —le había dicho su hermana cuando se disponía a emigrar a este retiro rural—: te encerrarás no bien llegues y no hablarás con nadie y tus nervios estarán peor que nunca debido a la depresión. Por eso te daré cartas de presentación para todas las personas que conocí allá. Algunas, por lo que recuerdo, eran bastante simpáticas.
       Framton se preguntó si la señora Sappleton, la dama a quien había entregado una de las cartas de presentación, podía ser clasificada entre las simpáticas.
—¿Conoce a muchas personas aquí? —preguntó la sobrina, cuando consideró que ya había habido entre ellos suficiente comunicación silenciosa.
—Casi nadie —dijo Framton—. Mi hermana estuvo aquí, en la rectoría, hace unos cuatro años, y me dio cartas de presentación para algunas personas del lugar.
       Hizo esta última declaración en un tono que denotaba claramente un sentimiento de pesar.
—Entonces no sabe prácticamente nada acerca de mi tía —prosiguió la aplomada señorita.
—Sólo su nombre y su dirección —admitió el visitante. Se preguntaba si la señora Sappleton estaría casada o sería viuda. Algo indefinido en el ambiente sugería la presencia masculina.
—Su gran tragedia ocurrió hace tres años —dijo la niña—; es decir, después que se fue su hermana.
—¿Su tragedia? —preguntó Framton; en esta apacible campiña las tragedias parecían algo fuera de lugar.
—Usted se preguntará por qué dejamos esa ventana abierta de par en par en una tarde de octubre —dijo la sobrina señalando una gran ventana que daba al jardín.
—Hace bastante calor para esta época del año —dijo Framton— pero ¿qué relación tiene esa ventana con la tragedia?
—Por esa ventana, hace exactamente tres años, su marido y sus dos hermanos menores salieron a cazar por el día. Nunca regresaron. Al atravesar el páramo para llegar al terreno donde solían cazar quedaron atrapados en una ciénaga traicionera. Ocurrió durante ese verano terriblemente lluvioso, sabe, y los terrenos que antes eran firmes de pronto cedían sin que hubiera manera de preverlo. Nunca encontraron sus cuerpos. Eso fue lo peor de todo.
       A esta altura del relato la voz de la niña perdió ese tono seguro y se volvió vacilantemente humana.
—Mi pobre tía sigue creyendo que volverán algún día, ellos y el pequeño spaniel que los acompañaba, y que entrarán por la ventana como solían hacerlo. Por tal razón la ventana queda abierta hasta que ya es de noche. Mi pobre y querida tía, cuántas veces me habrá contado cómo salieron, su marido con el impermeable blanco en el brazo, y Ronnie, su hermano menor, cantando como de costumbre "¿Bertie, por qué saltas?", porque sabía que esa canción la irritaba especialmente. Sabe usted, a veces, en tardes tranquilas como las de hoy, tengo la sensación de que todos ellos volverán a entrar por la ventana...

       La niña se estremeció. Fue un alivio para Framton cuando la tía irrumpió en el cuarto pidiendo mil disculpas por haberlo hecho esperar tanto.
—Espero que Vera haya sabido entretenerlo —dijo.
—Me ha contado cosas muy interesantes —respondió Framton.
—Espero que no le moleste la ventana abierta —dijo la señora Sappleton con animación—; mi marido y mis hermanos están cazando y volverán aquí directamente, y siempre suelen entrar por la ventana. No quiero pensar en el estado en que dejarán mis pobres alfombras después de haber andado cazando por la ciénaga. Tan típico de ustedes los hombres ¿no es verdad?
       Siguió parloteando alegremente acerca de la caza y de que ya no abundan las aves, y acerca de las perspectivas que había de cazar patos en invierno. Para Framton, todo eso resultaba sencillamente horrible. Hizo un esfuerzo desesperado, pero sólo a medias exitoso, de desviar la conversación a un tema menos repulsivo; se daba cuenta de que su anfitriona no le otorgaba su entera atención, y su mirada se extraviaba constantemente en dirección a la ventana abierta y al jardín. Era por cierto una infortunada coincidencia venir de visita el día del trágico aniversario.
—Los médicos han estado de acuerdo en ordenarme completo reposo. Me han prohibido toda clase de agitación mental y de ejercicios físicos violentos —anunció Framton, que abrigaba la ilusión bastante difundida de suponer que personas totalmente desconocidas y relaciones casuales estaban ávidas de conocer los más íntimos detalles de nuestras dolencias y enfermedades, su causa y su remedio—. Con respecto a la dieta no se ponen de acuerdo.
—¿No? —dijo la señora Sappleton ahogando un bostezo a último momento. Súbitamente su expresión revelaba la atención más viva... pero no estaba dirigida a lo que Framton estaba diciendo.
—¡Por fin llegan! —exclamó—. Justo a tiempo para el té, y parece que se hubieran embarrado hasta los ojos, ¿no es verdad?
Framton se estremeció levemente y se volvió hacia la sobrina con una mirada que intentaba comunicar su compasiva comprensión. La niña tenía puesta la mirada en la ventana abierta y sus ojos brillaban de horror. Presa de un terror desconocido que helaba sus venas, Framton se volvió en su asiento y miró en la misma dirección.
       En el oscuro crepúsculo tres figuras atravesaban el jardín y avanzaban hacia la ventana; cada una llevaba bajo el brazo una escopeta y una de ellas soportaba la carga adicional de un abrigo blanco puesto sobre los hombros. Los seguía un fatigado spaniel de color pardo. Silenciosamente se acercaron a la casa, y luego se oyó una voz joven y ronca que cantaba: "¿Dime Bertie, por qué saltas?"
       Framton agarró deprisa su bastón y su sombrero; la puerta de entrada, el sendero de grava y el portón, fueron etapas apenas percibidas de su intempestiva retirada. Un ciclista que iba por el camino tuvo que hacerse a un lado para evitar un choque inminente.
—Aquí estamos, querida —dijo el portador del impermeable blanco entrando por la ventana—: bastante embarrados, pero casi secos. ¿Quién era ese hombre que salió de golpe no bien aparecimos?
—Un hombre rarísimo, un tal señor Nuttel —dijo la señora Sappleton—; no hablaba de otra cosa que de sus enfermedades, y se fue disparado sin despedirse ni pedir disculpas al llegar ustedes. Cualquiera diría que había visto un fantasma.
—Supongo que ha sido a causa del spaniel —dijo tranquilamente la sobrina—; me contó que los perros le producen horror. Una vez lo persiguió una jauría de perros parias hasta un cementerio cerca del Ganges, y tuvo que pasar la noche en una tumba recién cavada, con esas bestias que gruñían y mostraban los colmillos y echaban espuma encima de él. Así cualquiera se vuelve pusilánime.
       La fantasía sin previo aviso era su especialidad.




sábado, 17 de septiembre de 2016

TEXTO 2 - TERCEROS

IDEA PRINCIPAL
Antes debemos considerar que cuando se lee cualquier texto, uno de sus aspectos de análisis es la idea principal y es así que fundamentaremos lo siguiente:
Un texto está formado por oraciones que tratan acerca de un mismo tema; cada oración expresa una idea. En los textos bien redactados, se distingue claramente una idea que es tratada en todo el texto. Esta idea es la más importante, la que nos dice todo de manera sintética. Por eso se le denomina idea principal, sin su presencia, las otras ideas no se relacionarían y no tendrían unas orientación temática.
Ejemplo:
El delfín es una animal que posee distintas formas de comunicarse. Este cetáceo emite silbidos ondulantes que padecen tiene un significado específico. Además se comunica mediante actitudes corporales y roces de su piel, que es mucho más receptiva que la humana, debido a sus sensibles terminales nerviosos. Asimismo, la frecuencia y la altura de sus saltos proporcionan información particular a sus congéneres.
La idea principal puede manifestarse de manera explícita a través de una oración del texto. En el ejemplo anterior, la idea principal se ubica en la primea oración: El delfín es un animal que posee distintas formas de comunicarse.
Otro ejemplo:
Unos bebés lloran porque sienten hambre, sed o dolor; otros, por aburrimiento. A veces, el motivo del llanto es el miedo al abandono pues, en esta etapa de su vida, separarse de su madre les puede generar un estado de tensión. En conclusión, los bebés lloran por diferentes razones.
En este segundo caso, la última oración corresponde a la idea principal: Los bebés lloran por diferentes razones.
A veces, la idea principal no aparece explícita en el texto. Entonces es necesario explicarla con nuestras propias palabras.
Lee el siguiente ejemplo:
El oso panda gigante es muy similar al oso común, pero con un pelaje blanco, largo, denso y de aspecto lanoso. Además sus orejas y la zona de sus ojos, entre otras partes, son negras. Una peculiar característica la constituye el conocido “falso pulgar de panda”
La idea principal de este texto sería: El oso panda gigante es similar al oso común, pero presenta algunas características peculiares.
Para reconocer la idea principal de un texto algunas veces es necesario extraer las ideas principales de los párrafos para de este modo ubicar la idea central general.
IDEAS SECUNDARIAS
Son las que complementan la idea central, pueden presentarse con ejemplos, explicaciones, argumentos, anécdotas, explicaciones, entre otras.
Ejemplo:

Existen técnicas que utilizan los medios más originales para curar enfermedades. Así por ejemplo ,la musicoterapia se basa en la cura mediante la música; la auriculoterapia sostiene que todos los órganos del cuerpo se hallan reflejados en la oreja y es desde ella que se tratan las dolencias; la hidroterapia consiste en el tratamiento mediante el agua; y la aromaterapia consiste en dar al paciente distintas sustancias para que las huela.
La idea principal de este texto menciona la existencia de técnicas originales para curar enfermedades.
Las ideas secundarias ejemplifican estas técnicas presentando una información particular de cada una de ellas.
Ejemplo:
En todo ecosistema hay dos componentes: los seres vivos y las características del lugar.
Los seres vivos más abundantes en el ecosistema son los animales y las plantas. Además pueden existir otros seres vivos, como los hongos y las algas, que no son animales ni plantas. Los animales constituyen la fauna y las plantas forman la flora de un ecosistema.
Las características del lugar son la temperatura, las precipitaciones, el suelo, el agua y la luz.
Todos estos elementos influyen en los seres vivos. Por ejemplo, un oso polar no puede sobrevivir en un ecosistema en el que la temperatura sea alta.
IDEA PRINCIPAL: Todo ecosistema tiene dos componentes: los seres vivos y las características del lugar.
IDEAS SECUNDARIAS:
· Los animales y las plantas son los seres vivos más abundantes en el ecosistema
· Otros seres vivos que también pueden existir son los hongos y las algas.
· Las características del lugar son la temperatura, las precipitaciones, el suelo, el agua y la luz; éstas influyen en los seres vivos.
LA RULETA RUSA Y LA RULETA DEL AMOR

Ramiro Díez
Alguien decía que para ser buen escritor era necesario haber tenido una infancia desgraciada. Esto se aplica, seguro, a Fedor Dostoievski. La niñez del ruso transcurrió en el hospital del que su padre era director. Sus horas de ocio las pasaba entre los corredores donde solo se escuchaban lamentos y agonías de los pacientes.
El padre Dostoievski quizá salvara vidas ajenas. En cuanto a su familia, su propósito parecía ser el contrario. Era un hombre de espíritu religioso obsesivo, alcohólico, atrabiliario, que ordenaba a los profesores de su hijo darle latigazos hasta que perdiera el sentido, si cometía algún error al rezar en latín. Otra gran vocación era tener tierras y flagelar a sus siervos. Por eso, en alguna ocasión, Dostoievski escribió: “¡Ah!...sin duda la vida es hermosa, cuando mi padre duerme”.
Y un día Dostoievski experimentó gran sentimiento de culpa porque llegó la noticia: los siervos de su padre lo amarraron, le dieron vodka hasta casi ahogarlo, y lo castraron. Enseguida lo mataron. Ahora sí, el médico dormía para siempre y, según aquella frase, a partir de entonces la vida debería ser hermosa. Pero ya el daño estaba hecho en el alma del escritor, que apenas era un adolescente.
Del odio a su padre saltó al amor por la literatura y por el juego. A los 24 años, ya Dostoievski era una celebridad. Y empezó a ganar dinero para jugarlo a la ruleta. Ya famoso se cruzó en su vida una joven que pertenecía a la nobleza rusa. Con 19 años, rubia, nariz respingada y ojos verdes, era una dulce tentación. Se llamaba Tatiana y era virgen. Entonces ella lo sedujo y le escribió esta carta:
“Mi primera noche de amor será para ti. Nos encontraremos en Alemania, en el hotel Landhaus Diedert, de Wiesbaden. Yo partiré unos días antes, para evitar sospechas. Te he enviado suficiente dinero para el viaje.”
Tragedia: “suficiente dinero”, fue lo que más le llamó la atención. Dostoievski tomó el tren para encontrarse con Tatiana, y aprovechó para detenerse en cada pueblo y jugar a la ruleta. Cuando perdía, se quedaba uno o dos días más, en un intento por tener buena suerte. Al final llegó sin un centavo a la cita. Y lo peor: con una semana de retraso.
Tatiana, cansada de esperarlo, abandonó el hotel, y le dejó una carta que decía: “No pudo ser. He regresado por tren a San Petersburgo. Mi primera noche de amor fue para otro hombre del que no recuerdo su nombre y creo que nunca me preguntó el mío. Se marchó, dejándome sola, cuando la cama aún estaba tibia”.
Sin duda, este fue un crimen de Dostoievski, que se quedó sin castigo. Perdedor en la ruleta del casino y en la del amor.



TEXTO 1 - SEGUNDO

CAUPOLICÁN
Rubén Darío
Es algo formidable que vio la vieja raza;
robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
blandiera el brazo de Hércules o el brazo de Sansón.
Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,
pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
desjarretar un toro o estrangular un león.
Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,
le vio la tarde pálida, le vio la noche fría,
y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.
"¡El Toqui, el Toqui!", clama la conmovida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo "Basta",
e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.

MELANCOLÍA
  Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía.
Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas.
Voy bajo tempestades y tormentas
ciego de ensueño y loco de armonía.
  Ese es mi mal. Soñar. La poesía
es la camisa férrea de mil puntas cruentas
que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas
dejan caer las gotas de mi melancolía.
Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo;
a veces me parece que el camino es muy largo,
y a veces que es muy corto...
  Y en este titubeo de aliento y agonía,
cargo lleno de penas lo que apenas soporto.
¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?  

ALMA VENTUROSA
Leopoldo Lugones


Al promediar la tarde de aquel día,
cuando iba mi habitual adiós a darte,
fue una vaga congoja de dejarte
lo que me hizo saber que te quería.

Tu alma, sin comprenderlo, ya sabia. . .
con tu rubor me ilumino al hablarte,
y al separarnos te pusiste aparte
del grupo, amedrentada todavía.

Fue silencio y temblor nuestra sorpresa,
mas ya la plenitud de la promesa
nos infundía un jubilo tan blando,

que nuestros labios suspiraron quedos . . .
y tu alma estremecíase en tus dedos
como si se estuviera deshojando.

miércoles, 15 de abril de 2015

TRABAJO PALABRAS VARIABLES-INVARIABLES

TRABAJO DE PALABRAS VARIABLES E INVARIABLES 

Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo.

No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta
La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.

En un beso, sabrás todo lo que he callado.

Conocer el amor de los que amamos es el fuego que alimenta la vida.

Para que nada nos separe que nada nos una.

¿Sufre más aquél que espera siempre que aquél que nunca esperó a nadie?

Si el corazón se aburre de querer para qué sirve.

Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio.

El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien, sino en el deseo de dormir junto a alguien.


El amor, por definición, es un regalo no merecido.
Soledad: una dulce ausencia de miradas.

Los mejores amigos son como las estrellas, aunque no siempre se ven, sabes que están ahí.
Los amigos se hieren con la verdad para no destruirse con las mentiras.

Los amigos son ángeles que se levantan cuando tus alas han olvidado cómo volar.
Cuando la vida te presente razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones para reír.
Aprender es como remar contra corriente: en cuanto se deja, se retrocede.

La sabiduría nos llega cuando ya no nos sirve de nada.

Yo creo que todavía no es demasiado tarde para construir una utopía que nos permita compartir la tierra.
No tenemos otro mundo al que podernos mudar.





domingo, 1 de febrero de 2015

Textos - tercero de bachillerato/ Razonamiento verbal



¿Quién pone los límites a la libertad de expresión?
Partamos de algo básico, pero esencial para la democracia y la convivencia: toda libertad se ejerce con responsabilidad. No hay ninguna (por más liberales u ortodoxos) que no contenga en sí misma un marco de referencias y contextos concretos para ejercerla sin afectar o perjudicar al otro.
Tras el atentado criminal a los miembros de la revista humorística francesa Charlie Hebdo se ha desatado la apología sobre una supuesta libertad de expresión absoluta, incuestionable, ilimitada y garantizada solo por el “hago y digo lo que me da la gana”.
Incluso hemos escuchado toda clase de blasfemia en nombre de esa libertad de expresión y una victimización sin nombre de quienes son los que más la usan, de todas las formas, en todos los formatos y bajo aparentes discursos diversos, cuando en realidad son la caja de resonancia de un mismo formato ideológico y político.
Ya no son algunos ‘autoritarios’, ‘tiranos’ o ‘populistas’ los que señalan que la libertad de expresión tiene unos límites. Empezando por el papa Francisco, intelectuales liberales, autoridades políticas y teóricos de la comunicación han coincidido en que esos límites están sobre todo definidos por cada ciudadano. Eso es lo fundamental. Pero ese ciudadano sabe que su libertad mal usada, a veces con fines protervos o difamatorios, tiene unas consecuencias concretas.
Ahora, a aquellos periodistas y analistas ‘puros’, absolutistas y ultra liberales les salió uno de los maestros del periodismo al que alaban, citan y dicen seguir su ejemplo. Les pidió que la libertad de expresión sea usada respetando al otro, autoimponiéndose unos límites y, sobre todo, pensando en la verdadera razón de ser de esa libertad. Se trata del periodista colombiano Javier Darío Restrepo. Nadie puede decir que él es un ‘acólito’ de los gobiernos progresistas y mucho menos es un partidario de leyes de comunicación. Sobre todo es un ciudadano responsable y un periodista ético con su oficio y con sus audiencias. ¿Esta vez les falló Restrepo a los periodistas locales que abogan por una libertad absoluta sin restricción alguna? Ese periodista colombiano ha dicho: “La libertad que elimina todos los obstáculos para decir o escribir lo que uno quiera resulta tan absurda como la que pretendía tener un taxista que reaccionó cuando su pasajero le pidió apagar el cigarrillo que acababa de encender: Estoy en mi taxi y aquí hago lo que me da la gana y lo echo a usted si me da la gana”.
Lo que en realidad preocupa de todo este debate es para qué quieren usar la libertad de expresión absoluta y sin límites ciertos periodistas y políticos, supuestos activistas y personajes anónimos de las redes sociales. ¿Para favorecer el debate y la reflexión pública? Parece que no. Y por ahí se ocultan otros propósitos y se revelan sus reales apetitos.




La promoción turística del Ecuador se cimenta en potentes valores

No hay duda de que nuestra geografía y gente son un tesoro y un enorme atractivo para el turista extranjero. Lo testimonian las centenas de miles de ciudadanos del mundo que llegan a nuestra patria cada año.
Y es verdad que un ‘empujoncito’ mediante la publicidad y promoción tradicionales hace muy bien, pero hemos comprobado que un país con estabilidad política, con un gobierno e instituciones legítimos, con infraestructura y seguridad, además de tesoros naturales valiosos, es el gran ‘gancho’.
Hemos crecido en cifras y en demanda, pero no es suficiente. Un país turístico debe cuidar su patrimonio y no someterse a la lógica del mercado homogeneizador. Si por algo nos visitan es porque somos diferentes y tenemos potentes valores y virtudes propias.
Para fortalecer la llamada ‘industria sin chimeneas’ hace falta también construir un ambiente de armonía, que destierre a esos agoreros del desastre que hablan de un país que está solo en sus cabezas para abjurar de todas nuestras bondades y talento.

La Celac coloca a América Latina en otra dimensión

El futuro está a la vista: los bloques económicos y políticos marcarán el devenir de las naciones. Y en esa perspectiva histórica se instala la Comunidad de Estados Latinoamericanos y el Caribe (Celac). Además, en un momento donde el predominio de las soberanías y la autodeterminación son el signo más fuerte de nuestra región. Por supuesto, debimos aguardar muchos años y superar algunos obstáculos para consolidar la unidad regional. Por lo pronto, lo más urgente es que esta comunidad avance en lo fundamental: desterrar la pobreza extrema y reducir significativamente la inequidad que han sido las dos lacras del continente. Y el que Ecuador asuma la presidencia pro témpore también nos obliga a varias tareas: que la vocería política sea para sustentar con mayor rigor nuestra presencia en el mundo. América Latina se mira con respeto y hasta con admiración en otros lados. De ahí que este año ofrece una gran oportunidad para consolidar nuestras soberanías y el devenir a favor de los pueblos.

 Editoriales diario El Telégrafo

LA NIÑA SIN ESCUELA
Una mañana invernal de 1900, una niña de once años fue acusada de haber robado algún libro de su escuela.
La niña se defendió y demostró que nada tenía, pero en ese momento ya se había desatado la irracionalidad grupal, y una compañerita la insultó por no tener padre, y le arrojó una piedra.

Entonces las demás niñas se sumaron a la locura colectiva y ante la lluvia de insultos y piedras, la niña huyó de la escuela para no regresar jamás.
Era mentira que hubiera robado algo, pero era verdad que ahora no tenía padre. Alguna vez lo tuvo, pero la había abandonado cuando ella apenas tenía tres años. La niña se llamaba Lucila Godoy Alcayaga.
Sí: Lucila Godoy Alcayaga. El mundo después la conoció como Gabriela Mistral, chilena, y Premio Nobel de Literatura y era la primera vez que el máximo galardón de la literatura universal era entregado a Latinoamérica.

EL SOLDADO DEL TERROR
Hubo un niño, hijo de actores, que quedó solo en el mundo: su padre lo abandonó, y al poco tiempo su madre murió. Para recaudar fondos y ayudarlo, un hombre de negocios decidió montar una obra de teatro.
En la obra llamada “La Monja Siniestra”, la actriz era una mujer a la que los hombres del pueblo la conocían muy bien, precisamente por su profesión nada parecida a la de monja…
Quizás por ver a la mujer en tan extraño vestido de monja, en un papel muy ajeno a su oficio y vocación, o quizás por ayudar al huérfano, el teatro se llenó hasta los topes.
Y en una escena, la monja encendía una antorcha para guiarse en la oscuridad. La monja siniestra encendió la antorcha y de paso encendió las cortinas y metió fuego a todo el teatro.
La obra concluyó con casi cien víctimas, quemadas o aplastadas en medio del terror colectivo. No quedó ni un centavo de utilidad.
Ese niño que empezaba de manera tan tormentosa su vida, se llama Edgar Allan Poe. Y su vida siempre fue un vértigo de dramas sin fin.
Poe, el maestro del relato corto, del suspenso y el terror, durante algunos años prestó servicio militar con un nombre ficticio.
Allí, en la milicia, se llamaba Edgar A. Perry y fue expulsado por no ir a misa, por jugar ajedrez, y por leer demasiado.

Textos de Ramiro Diez