miércoles, 16 de julio de 2014

TEXTO 3 TERCERO BGU

La pelea más dura

Ramiro Díez
Un gran peligro de la inteligencia humana es que suele producir idioteces. Una de ellas es, por ejemplo, llamar ‘deporte’ del boxeo a la negación del deporte. Esa brutalidad, por supuesto, nunca ningún ministro del deporte ha pensado en prohibirla. Basta señalar que la única acción del boxeo —golpear y golpear--, descalificaría al culpable, en cualquier otro deporte.
“El boxeo es invento de los blancos para gozar cuando 2 negros pobres se matan”, decía alguien. Uno de esos negros pobres se ganó la vida matando y haciéndose matar. Y su historia es impactante. Se llamaba Emile Griffith. De él decían que era homosexual y eso, en el deporte de los machos, era imposible. Además Griffith era una bestia que no rehuía el combate. Recibía palizas sin miedo y terminaba por acribillar a su adversario con ráfagas de puños. Sus combates eran siempre un mar de sangre, como exigen los aficionados.
Uno de esos encuentros fue contra el cubano Benny Kid Paret. Durante el pesaje, aunque Emilie Griffith solo hablaba inglés callejero, algo entendió de lo que en castellano, y en baja voz, le soltó Paret:
- Emilia… tienes nombre de mujer, maricón-.
Griffith no respondió, pero pensó: “Esta noche pelearás contra un maricón. Deberías haberte tragado las palabras”.
Griffith masticó su rabia en silencio, y cuando subió al ring y sonó la primera campanada, estaba enceguecido. Quizás por eso fue capaz de recibir la paliza más inmisericorde de su vida, sin retroceder, apenas con fuerzas para doblar los brazos y proteger su rostro. En el sexto round, cualquier ser humano habría detenido el combate para declarar victorioso al cubano Paret. Pero la multitud, frenética, aullaba exigiendo más violencia.
Enseguida, sacando fuerzas de donde no existían, Griffith acorraló a Paret y le propinó un torrente de golpes en la cabeza, en el rostro, en la quijada, que hoy siguen siendo un capítulo de horror en ese horror que es el boxeo. El árbitro tampoco detuvo en ese momento la pelea. El cubano parecía un monigote suspendido en el aire, sostenido solo por los golpes que recibía de Griffith.
Al final, ¡qué descanso!, Paret se desplomó, inconsciente, y murió 10 días más tarde en el hospital.

Desde entonces, Griffith fue un boxeador mediocre, horrorizado ante la idea de volver a matar a un hombre y por eso era cauteloso con los golpes. Tras 40 años, Griffith salió del closet y aceptó: “Sí, me gustaban las mujeres y los hombres. Pero nunca lo reconocí porque habría muerto de hambre. Nadie habría apostado un dólar a mi favor. Por eso, aunque nunca he estado tras las rejas, he sido como un prisionero. Y sigo sin entender algo: cuando maté a un hombre, todos mis amigos me acompañaron. Cuando descubrieron que amaba a uno, me repudiaron”. Sin duda, la pelea más dura de Griffith fue contra la estupidez humana. Y la perdió.

lunes, 14 de julio de 2014

NOTA

NOTA
Traer cuentos 1 y 2

CUENTO 2 TERCERO BGU

TOBERMORY
Saki

Era una tarde lluviosa y desapacible de fines de agosto durante esa estación indefinida en que las perdices están todavía a resguardo o en algún frigorífico y no hay nada que cazar, a no ser que uno se encuentre en algún lugar que limite al norte con el canal de Bristol. En tal caso se pueden perseguir legalmente robustos venados rojos. Los huéspedes de lady Blemley no estaban limitados al norte por el canal de Bristol, de modo que esa tarde estaban todos reunidos en torno a la mesa del té. Y, a pesar de la monotonía de la estación y de la trivialidad del momento, no había indicio en la reunión de esa inquietud que nace del tedio y que significa temor por la pianola y deseo reprimido de sentarse a jugar bridge. La ansiosa atención de todos se concentraba en la personalidad negativamente hogareña del señor Cornelius Appin. De todos los huéspedes de lady Blemley era el que había llegado con una reputación más vaga. Alguien había dicho que era "inteligente", y había recibido su invitación con la moderada expectativa, de parte de su anfitriona, de que por lo menos alguna porción de su inteligencia contribuyera al entretenimiento general. No había podido descubrir hasta la hora del té en qué dirección, si la había, apuntaba su inteligencia. No se destacaba por su ingenio ni por saber jugar al croquet; tampoco poseía un poder hipnótico ni sabía organizar representaciones de aficionados. Tampoco sugería su aspecto exterior esa clase de hombres a los que las mujeres están dispuestas a perdonar un grado considerable de deficiencia mental. Había quedado reducido a un simple señor Appin y el nombre de Cornelius parecía no ser sino un transparente fraude bautismal. Y ahora pretendía haber lanzado al mundo un descubrimiento frente al cual la invención de la pólvora, la imprenta y la locomotora resultaban meras bagatelas. La ciencia había dado pasos asombrosos en diversas direcciones durante las últimas décadas, pero esto parecía pertenecer al dominio del milagro más que al del descubrimiento científico.
-¿Y usted nos pide realmente que creamos -decía sir Wilfred- que ha descubierto un método para instruir a los animales en el arte del habla humana, y que nuestro querido y viejo Tobermory fue el primer discípulo con el que obtuvo un resultado feliz?

-Es un problema en el que he trabajado mucho los últimos diecisiete años -dijo el señor Appin-, pero sólo durante los últimos ocho o nueve meses he sido premiado con el mayor de los éxitos. Experimenté por supuesto con miles de animales, pero últimamente sólo con gatos, esas criaturas admirables que han asimilado tan maravillosamente nuestra civilización sin perder por eso todos sus altamente desarrollados instintos salvajes. De tanto en tanto se encuentra entre los gatos un intelecto superior, como sucede también entre la masa de los seres humanos, y cuando conocí hace una semana a Tobermory, me di cuenta inmediatamente de que estaba ante un "supergato" de extraordinaria inteligencia. Había llegado muy lejos por el camino del éxito en experimentos recientes; con Tobermory, como ustedes lo llaman, he llegado a la meta.

El señor Appin concluyó su notable afirmación en un tono en que se esforzaba por eliminar una inflexión de triunfo. Nadie dijo "ratas"1 aunque los labios de Clovis esbozaron una contorsión bisilábica que invocaba probablemente a esos roedores representantes del descrédito.

-¿Quiere decir -preguntó la señorita Resker, después de una breve pausa- que usted ha enseñado a Tobermory a decir y a entender oraciones simples de una sola sílaba?

-Mi querida señorita Resker -dijo pacientemente el taumaturgo-, de esa manera gradual y fragmentaria se enseña a los niños, a los salvajes y a los adultos atrasados; cuando se ha resuelto el problema de cómo empezar con un animal de inteligencia altamente desarrollada no se necesitan para nada esos métodos vacilantes. Tobermory puede hablar nuestra lengua con absoluta correción.

Esta vez Clovis dijo claramente "requeterratas". Sir Wilfrid fue más amable, aunque igualmente escéptico.

-¿No sería mejor traer al gato y juzgar por nuestra cuenta? -sugirió lady Blemley.

Sir Wilfrid fue en busca del animal, y todos se entregaron a la lánguida expectativa de asistir a un acto de ventriloquismo más o menos hábil.

Sir Wilfrid volvió al instante, pálido su rostro bronceado y los ojos dilatados por el asombro.

-¡Caramba, es verdad!

Su agitación era inequívocamente genuina y sus oyentes se sobresaltaron en un estremecimiento de renovado interés.

Dejándose caer en un sillón, prosiguió con voz entrecortada:

-Lo encontré dormitando en el salón de fumar, y lo llamé para que viniera a tomar el té. Parpadeó como suele hacer, y le dije: "Vamos, Toby; no nos hagas esperar". Entonces ¡Dios mío!, articuló con lentitud, del modo más espantosamente natural, que vendría cuando le diera la real gana. Casi me caigo de espaldas.

Appin se había dirigido a un auditorio completamente incrédulo; las palabras de sir Wilfrid lograron un convencimiento instantáneo. Se elevó un coro de exclamaciones de asombro dignas de la Torre de Babel, entre las cuales el científico permanecía sentado y en silencio gozando del primer fruto de su estupendo descubrimiento.

En medio del clamor entró en el cuarto Tobermory y se abrió paso con delicadeza y estudiada indiferencia hasta donde estaba el grupo reunido en torno a la mesa del té.

Un silencio tenso e incómodo dominó a los comensales. Por algún motivo resultaba incómodo dirigirse en términos de igualdad a un gato doméstico de reconocida habilidad mental.

-¿Quieres tomar leche, Tobermory? -preguntó lady Blemley con la voz un poco tensa.

-Me da lo mismo -fue la respuesta, expresada en un tono de absoluta indiferencia. Un estremecimiento de reprimida excitación recorrió a todos, y lady Blemley merece ser disculpada por haber servido la leche con un pulso más bien inestable.

-Me temo que derramé bastante -dijo.

-Después de todo, no es mía la alfombra -replicó Tobermory.

Otra vez el silencio dominó al grupo, y entonces la señorita Resker, con sus mejores modales de asistente parroquial, le preguntó si le había resultado difícil aprender el lenguaje humano. Tobermory la miró fijo un instante y luego bajó serenamente la mirada. Era evidente que las preguntas aburridas estaban excluidas de su sistema de vida.

-¿Qué opinas de la inteligencia humana? -preguntó Mavis Pellington, en tono vacilante.

-¿De la inteligencia de quién en particular? -preguntó fríamente Tobermory.

-¡Oh, bueno!, de la mía, por ejemplo -dijo Mavis tratando de reír.

-Me pone usted en una situación difícil -dijo Tobermory, cuyo tono y actitud no sugerían por cierto el menor embarazo-. Cuando se propuso incluirla entre los huéspedes, sir Wilfrid protestó alegando que era usted la mujer más tonta que conocía, y que había una gran diferencia entre la hospitalidad y el cuidado de los débiles mentales. Lady Bremley replicó que su falta de capacidad mental era precisamente la cualidad que le había ganado la invitación, puesto que no conocía ninguna persona tan estúpida como para que le comprara su viejo automóvil. Ya sabe cuál, el que llaman "la envidia de Sísifo", porque si lo empujan va cuesta arriba con suma facilidad.

Las protestas de lady Blemley habrían tenido mayor efecto si aquella misma mañana no hubiera sugerido casualmente a Mavis que ese auto era justo lo que ella necesitaba para su casa de Devonshire.

El mayor Barfield se precipitó a cambiar de tema.

-¿Y qué hay de tus andanzas con la gatita de color carey, allá en los establos?

No bien lo dijo, todos advirtieron que la pregunta era una burrada.

-Por lo general no se habla de esas cosas en público -respondió fríamente Tobermory-. Por lo que pude observar de su conducta desde que llegó a esta casa, imagino que le parecería inconveniente que yo desviara la conversación hacia sus pequeños asuntos.

No sólo al mayor dominó el pánico que siguió a estas palabras.

-¿Quieres ir a ver si la cocinera ya tiene lista tu comida? -sugirió apresuradamente lady Blemley, fingiendo ignorar que faltaban por lo menos dos horas para la comida de Tobermory.

-Gracias -dijo Tobermory-, acabo de tomar el té. No quiero morir de indigestión.

-Los gatos tienen siete vidas, sabes -dijo sir Wilfrid con ánimo cordial.

-Posiblemente -replicó Tobermory-, pero un solo hígado.

-¡Adelaida! -exclamó la señora Cornett-, ¿vas a permitir que este gato salga a hablar de nosotros con los sirvientes?

El pánico en verdad se había vuelto general. Se recordó con espanto que una balaustrada ornamental recorría la mayor de las ventanas de los dormitorios de las torres, y que era el paseo favorito de Tobermory a todas horas. Desde allí podía vigilar a las palomas y... sabe Dios qué más. Si su intención era extenderse en reminiscencias, con su actual tendencia a la franqueza el efecto sería más que desconcertante. La señora Cornett, que pasaba mucho tiempo frente a su mesa de tocador y cuyo cutis tenía fama de poseer una naturaleza nómada aunque puntual, se mostraba tan incómoda como el mayor. La señorita Scrawen, que escribía poemas de una sensualidad feroz y llevaba una vida intachable, solo manifestó irritación; si uno es metódico y virtuoso en su vida privada, no quiere necesariamente que todos se enteren. Bertie van Tahn, tan depravado a los diecisiete años que hacía ya mucho que había abandonado su intento de ser todavía peor, se puso de un color blanco apagado como de gardenia, pero no cometió el error de precipitarse fuera de la habitación como Odo Finsberry, un joven que parecía seguir la carrera eclesiástica y a quien posiblemente perturbaba la idea de enterarse de los escándalos de otras personas. Clovis tuvo la presencia de ánimo de guardar una apariencia de serenidad. Interiormente se preguntaba cuánto tiempo tardaría en procurarse una caja de ratones selectos por medio de Exchanges and Mart, y utilizarlos como soborno.

Aun en una situación delicada como aquella, Agnes Resker no podía resignarse a quedar relegada por mucho tiempo.

-¿Por qué habré venido aquí? -preguntó en un tono dramático.

Tobermory aceptó inmediatamente la apertura.

-A juzgar por lo que dijo ayer la señora Cornett mientras jugaban al croquet, fue por la comida. Describió a los Blemleys como las personas más aburridas que conocía, pero admitió que eran lo bastante inteligentes como para tener un cocinero de primer orden; de otro modo les resultaría difícil encontrar a quien quisiera volver por segunda vez a su casa.

-¡Ni una palabra de lo que dice es verdad! ¡Pregunten a la señora Cornett! -exclamó Agnes, confusa.

-La señora Cornett repitió después su observación a Bertie van Tahn -prosiguió Tobermory- y dijo: "Esa mujer está entre los desocupados que integran la Marcha del Hambre; iría a cualquier parte con tal de obtener cuatro comidas por día", y Bertie van Tahn dijo...

En ese instante, misericordiosamente, la crónica se interrumpió. Tobermory había divisado a Tom, el gran gato amarillo de la rectoría, que avanzaba a través de los arbustos en dirección del establo. Tobermory salió disparado por la ventana abierta.

Con la desaparición de su por demás alumno brillante, Cornelius Appin se encontró envuelto en un huracán de amargos reproches, preguntas ansiosas y temerosos ruegos. En él recaía la responsabilidad de la situación, y era él quien debía impedir que las cosas empeoraran aun más. ¿Podía Tobermory impartir su peligroso don a otros gatos? Era la primera pregunta que tuvo que contestar. Era posible, dijo, que hubiera iniciado a su amiga íntima, la gatita de los establos, en sus nuevos conocimientos, pero era poco probable que sus enseñanzas abarcaran por el momento un margen más amplio.

-Siendo así -dijo la señora Cornett- acepto que Tobermory sea un gato valioso y una mascota adorable; pero seguramente convendrá conmigo, Adelaida, que tanto él como la gata de los establos deben desaparecer sin demora.

-No supondrá que este último cuarto de hora me haya sido placentero -dijo amargamente lady Blemley-. Mi marido y yo queremos mucho a Tobermory... por lo menos, lo queríamos hasta que le fueron impartidos esos horribles conocimientos; pero ahora, por supuesto, lo que hay que hacer es eliminarlo tan pronto como sea posible.

-Podemos poner estricnina en los restos que recibe a la hora de la comida -dijo sir Wilfrid-, y a la gata del establo la ahogaré yo mismo. El cochero lamentará mucho perder a su mascota, pero diremos que los dos gatos padecían un tipo de sarna muy contagiosa y que temíamos que se extendiera a los perros.

-Pero, ¡mi gran descubrimiento! -protestó el señor Appin-; después de tantos años de investigaciones y experimentos...

Un arcángel que proclamara en éxtasis el milenio y descubriera que coincide imperdonablemente con las regatas de Henley y tuviera que ser postergado por tiempo indefinido, no se hubiera sentido tan deprimido como Cornelius Appin ante la acogida que se dispensó a su magnífica hazaña. Tenía en contra, sin embargo, la opinión pública, que si hubiera sido consultada al respecto es probable que una cuantiosa minoría hubiera votado por incluirlo en la dieta de estricnina.

Horarios defectuosos de trenes y un nervioso deseo de ver las cosa consumadas impidieron una dispersión inmediata de los huéspedes, pero la comida de aquella noche no fue por cierto un éxito social. Sir Wilfrid pasó momentos difíciles con la gata del establo y después con el cochero. Agnes Resker se limitó ostentosamente a comer un trozo de tostada reseca, que mordía como si se tratara de un enemigo personal, mientras que Mavis Pellington guardó un silencio vengativo durante toda la comida. Lady Blemley hablaba incesantemente haciéndose la ilusión de que estaba conversando, pero su atención se concentraba en el umbral. Un plato lleno de trozos de pescado cuidadosamente dosificados estaba listo en el aparador, pero pasaron los dulces y los postres sin que Tobermory apareciera en el comedor o en la cocina.

La sepulcral comida resultó alegre comparada con la siguiente vigilia en el salón de fumar. El hecho de comer y beber había procurado al menos una distracción al malestar general. El bridge quedó eliminado, debido a la tensión nerviosa y a la irritación de los ánimos, y después que Odo Finsberry ofreció una lúgubre versión de Melisande en el bosque ante un auditorio glacial, la música fue por tácito acuerdo evitada. A las once los sirvientes se fueron a dormir, después de anunciar que la ventanita de la despensa había quedado abierta como de costumbre para el uso privado de Tobermory. Los huéspedes se dedicaron a leer las revistas más recientes, hasta que paulatinamente tuvieron que echar mano de la Biblioteca Badminton y de los volúmenes encuadernados de Punch. Lady Blemley hacía visitas periódicas a la despensa y volvía cada vez con una expresión de abatimiento que hacía superfluas las preguntas acumuladas.

A las dos Clovis quebró el silencio imperante.

-No aparecerá esta noche. Probablemente está en las oficinas del diario local dictando la primera parte de sus memorias, que excluirán a las de lady Cómo se Llama. Será el acontecimiento del día.

Habiendo contribuido de esta manera a la animación general, Clovis se fue a acostar. Tras prolongados intervalos, los diversos integrantes de la reunión siguieron su ejemplo.

Los sirvientes, al llevar el té de la mañana, formularon una declaración unánime en respuesta a una pregunta unánime: Tobermory no había regresado.

El desayuno resultó, si cabe, una función más desagradable que la comida, pero antes que llegara a su término la situación se despejó. De entre los arbustos, donde un jardinero acababa de encontrarlo, trajeron el cadáver de Tobermory. Por las mordeduras que tenía en el cuello y la piel amarilla que le había quedado entre las uñas, era evidente que había resultado vencido en un combate desigual con el gato grande de la rectoría.

Hacia mediodía la mayoría de los huéspedes habían abandonado las torres, y después del almuerzo lady Blemley se había recuperado lo suficiente como para escribir una carta sumamente antipática a la rectoría acerca de la pérdida de su preciada mascota.

Tobermory había sido el único alumno aventajado de Appin, y estaba destinado a no tener sucesor. Algunas semanas más tarde, en el jardín zoológico de Dresde, un elefante que no había mostrado hasta entonces signos de irritabilidad, se escapó de la jaula y mató a un inglés que, aparentemente, había estado molestándolo. En las crónicas de los periódicos el apellido de la víctima aparecía indistintamente como Oppin y Eppelin, pero su nombre de pila fue invariablemente Cornelius.

-Si le estaba enseñando los verbos irregulares al pobre animal -dijo Clovis-, se lo tenía merecido.


FIN

CUENTO 1 TERCERO BGU

Juan Rulfo
(México, 1918-1986)

No oyes ladrar a los perros
(El Llano en llamas, 1953)

        —Tú que vas allá arriba, Ignacio, dime si no oyes alguna señal de algo o si ves alguna luz en alguna parte.
        —No se ve nada.
        —Ya debemos estar cerca.
        —Sí, pero no se oye nada.
        —Mira bien.
        —No se ve nada.
        —Pobre de ti, Ignacio.
        La sombra larga y negra de los hombres siguió moviéndose de arriba abajo, trepándose a las piedras, disminuyendo y creciendo según avanzaba por la orilla del arroyo. Era una sola sombra, tambaleante.
        La luna venía saliendo de la tierra, como una llamarada redonda.
        —Ya debemos estar llegando a ese pueblo, Ignacio. Tú que llevas las orejas de fuera, fíjate a ver si no oyes ladrar los perros. Acuérdate que nos dijeron que Tonaya estaba detrasito del monte. Y desde qué horas que hemos dejado el monte. Acuérdate, Ignacio.
        —Sí, pero no veo rastro de nada.
        —Me estoy cansando.
        —Bájame.
        El viejo se fue reculando hasta encontrarse con el paredón y se recargó allí, sin soltar la carga de sus hombros. Aunque se le doblaban las piernas, no quería sentarse, porque después no hubiera podido levantar el cuerpo de su hijo, al que allá atrás, horas antes, le habían ayudado a echárselo a la espalda. Y así lo había traído desde entonces.
        —¿Cómo te sientes?
        —Mal.
        Hablaba poco. Cada vez menos. En ratos parecía dormir. En ratos parecía tener frío. Temblaba. Sabía cuándo le agarraba a su hijo el temblor por las sacudidas que le daba, y porque los pies se le encajaban en los ijares como espuelas. Luego las manos del hijo, que traía trabadas en su pescuezo, le zarandeaban la cabeza como si fuera una sonaja. Él apretaba los dientes para no morderse la lengua y cuando acababa aquello le preguntaba:
        —¿Te duele mucho?
        —Algo —contestaba él.
        Primero le había dicho: "Apéame aquí... Déjame aquí... Vete tú solo. Yo te alcanzaré mañana o en cuanto me reponga un poco." Se lo había dicho como cincuenta veces. Ahora ni siquiera eso decía. Allí estaba la luna. Enfrente de ellos. Una luna grande y colorada que les llenaba de luz los ojos y que estiraba y oscurecía más su sombra sobre la tierra.
        —No veo ya por dónde voy —decía él.
        Pero nadie le contestaba.
        E1 otro iba allá arriba, todo iluminado por la luna, con su cara descolorida, sin sangre, reflejando una luz opaca. Y él acá abajo.
        —¿Me oíste, Ignacio? Te digo que no veo bien.
        Y el otro se quedaba callado.
        Siguió caminando, a tropezones. Encogía el cuerpo y luego se enderezaba para volver a tropezar de nuevo.
        —Este no es ningún camino. Nos dijeron que detrás del cerro estaba Tonaya. Ya hemos pasado el cerro. Y Tonaya no se ve, ni se oye ningún ruido que nos diga que está cerca. ¿Por qué no quieres decirme qué ves, tú que vas allá arriba, Ignacio?
        —Bájame, padre.
        —¿Te sientes mal?
        —Sí
        —Te llevaré a Tonaya a como dé lugar. Allí encontraré quien te cuide. Dicen que allí hay un doctor. Yo te llevaré con él. Te he traído cargando desde hace horas y no te dejaré tirado aquí para que acaben contigo quienes sean.
        Se tambaleó un poco. Dio dos o tres pasos de lado y volvió a enderezarse.
        —Te llevaré a Tonaya.
        —Bájame.
        Su voz se hizo quedita, apenas murmurada:
        —Quiero acostarme un rato.
        —Duérmete allí arriba. Al cabo te llevo bien agarrado.
        La luna iba subiendo, casi azul, sobre un cielo claro. La cara del viejo, mojada en sudor, se llenó de luz. Escondió los ojos para no mirar de frente, ya que no podía agachar la cabeza agarrotada entre las manos de su hijo.
        —Todo esto que hago, no lo hago por usted. Lo hago por su difunta madre. Porque usted fue su hijo. Por eso lo hago. Ella me reconvendría si yo lo hubiera dejado tirado allí, donde lo encontré, y no lo hubiera recogido para llevarlo a que lo curen, como estoy haciéndolo. Es ella la que me da ánimos, no usted. Comenzando porque a usted no le debo más que puras dificultades, puras mortificaciones, puras vergüenzas.
        Sudaba al hablar. Pero el viento de la noche le secaba el sudor. Y sobre el sudor seco, volvía a sudar.
        —Me derrengaré, pero llegaré con usted a Tonaya, para que le alivien esas heridas que le han hecho. Y estoy seguro de que, en cuanto se sienta usted bien, volverá a sus malos pasos. Eso ya no me importa. Con tal que se vaya lejos, donde yo no vuelva a saber de usted. Con tal de eso... Porque para mí usted ya no es mi hijo. He maldecido la sangre que usted tiene de mí. La parte que a mí me tocaba la he maldecido. He dicho: “¡Que se le pudra en los riñones la sangre que yo le di!” Lo dije desde que supe que usted andaba trajinando por los caminos, viviendo del robo y matando gente... Y gente buena. Y si no, allí esta mi compadre Tranquilino. El que lo bautizó a usted. El que le dio su nombre. A él también le tocó la mala suerte de encontrarse con usted. Desde entonces dije: “Ese no puede ser mi hijo.”
        —Mira a ver si ya ves algo. O si oyes algo. Tú que puedes hacerlo desde allá arriba, porque yo me siento sordo.
        —No veo nada.
        —Peor para ti, Ignacio.
        —Tengo sed.
        —¡Aguántate! Ya debemos estar cerca. Lo que pasa es que ya es muy noche y han de haber apagado la luz en el pueblo. Pero al menos debías de oír si ladran los perros. Haz por oír.
        —Dame agua.
        —Aquí no hay agua. No hay más que piedras. Aguántate. Y aunque la hubiera, no te bajaría a tomar agua. Nadie me ayudaría a subirte otra vez y yo solo no puedo.
        —Tengo mucha sed y mucho sueño.
        —Me acuerdo cuando naciste. Así eras entonces.
        Despertabas con hambre y comías para volver a dormirte. Y tu madre te daba agua, porque ya te habías acabado la leche de ella. No tenías llenadero. Y eras muy rabioso. Nunca pensé que con el tiempo se te fuera a subir aquella rabia a la cabeza... Pero así fue. Tu madre, que descanse en paz, quería que te criaras fuerte. Creía que cuando tú crecieras irías a ser su sostén. No te tuvo más que a ti. El otro hijo que iba a tener la mató. Y tú la hubieras matado otra vez si ella estuviera viva a estas alturas.
        Sintió que el hombre aquel que llevaba sobre sus hombros dejó de apretar las rodillas y comenzó a soltar los pies, balanceándolo de un lado para otro. Y le pareció que la cabeza; allá arriba, se sacudía como si sollozara.
        Sobre su cabello sintió que caían gruesas gotas, como de lágrimas.
        —¿Lloras, Ignacio? Lo hace llorar a usted el recuerdo de su madre, ¿verdad? Pero nunca hizo usted nada por ella. Nos pagó siempre mal. Parece que en lugar de cariño, le hubiéramos retacado el cuerpo de maldad. ¿Y ya ve? Ahora lo han herido. ¿Qué pasó con sus amigos? Los mataron a todos. Pero ellos no tenían a nadie. Ellos bien hubieran podido decir: “No tenemos a quién darle nuestra lástima”. ¿Pero usted, Ignacio?


        Allí estaba ya el pueblo. Vio brillar los tejados bajo la luz de la luna. Tuvo la impresión de que lo aplastaba el peso de su hijo al sentir que las corvas se le doblaban en el último esfuerzo. Al llegar al primer tejaván, se recostó sobre el pretil de la acera y soltó el cuerpo, flojo, como si lo hubieran descoyuntado.
        Destrabó difícilmente los dedos con que su hijo había venido sosteniéndose de su cuello y, al quedar libre, oyó cómo por todas partes ladraban los perros.
        —¿Y tú no los oías, Ignacio? —dijo—. No me ayudaste ni siquiera con esta esperanza.


jueves, 15 de mayo de 2014

TIPOS DE TEXTO

TIPOLOGÍAS TEXTUALES

Las tipologías textuales son métodos y propuestas cuya finalidad es agrupar o clasificar los textos y discursos lingüísticos de acuerdo con las características comunes. Existen diferentes tipos de textos, pero estos llevan el tema, subtema, orden cronológico, un problema y su solución, en los tipos de textos se puede hablar de cualquiera, hay científico, de divulgación, jurídicos, informativos, etc.

Textos lingüísticos
Son los textos que para definir o comunicar algo utilizan signos lingüísticos, es decir, las palabras escritas o habladas. En otras palabras un texto es un entramado de signos con una intención comunicativa que adquiere sentido en determinado contexto.

En lingüística, el término texto sirve tanto para producciones en que sólo hay un emisor (situaciones monogestionadas o monocontroladas) como en las que varios intercambian sus papeles (situaciones poligestionadas o policontroladas) como las conversaciones.

Textos informativos
Tienen la función de informar, explicar, transmitir y comunicar una información. Entre ellas tenemos, las revistas, periódicos, folletos, tarjetas, noticias, etc.

Textos científicos
Son los que se producen en el contexto de la comunidad científica, con la intención de presentar o demostrar los avances de una forma oral: la conferencia, la ponencia o la comunicación (tipo de texto). Géneros típicos de este tipo son la tesis doctoral, la memoria de licenciatura, el artículo científico o la geografía científica. Pueden emplear un lenguaje científico muy especializado, si se dirigen a expertos de un determinado campo, o bien un lenguaje más llano y accesible, si se dirigen a individuos inexpertos con fines divulgativos.

Textos administrativos
Son aquellos que se producen como medio de comunicación entre el individuo y determinada instrucción, o entre instrucciones, y los individuos. Géneros administrativos típicos son el certificado, el saludo, la instancia o el boletín oficial. Se trata de textos altamente formalizados, con estructuras rígidas y que frecuentemente tienen una función informativa así.

Textos jurídicos
Los textos jurídicos son la sentencia, el recurso o la ley. Son los textos producidos en el proceso de administración de justicia, aunque son un subtipo de los textos administrativos por su importancia y sus peculiaridades los textos jurídicos suelen considerarse y estudiarse como un grupo independiente. Este tipo de textos presenta una ordenación lógica y progresiva de los contenidos. Se destaca la objetividad en su narración: de forma, no hay lugar para la ambigüedad y las malas interpretaciones. Se trata de un lenguaje muy explícito, con oraciones enunciativas en tercera persona del singular, impersonales y pasivas reflejas.

Textos periodísticos
Son aquellos cuya finalidad es informar sobre hechos y temas de interés general. Estos textos se recogen en la prensa escrita y en la prensa oral. Además de informar, también se permiten opiniones o críticas sobre ciertos hechos, valoraciones, comportamientos y actitudes; incluso a veces se da espacio a cuestiones lúdicas. Características de los textos periodísticos:

Se trata de textos muy heterogéneos, que pueden ofrecer información nacional, internacional, local, deportiva... Por esta razón los periódicos están divididos en secciones.
Tanto el emisor como el receptor tienen un carácter colectivo. La relación entre emisor y receptor es unidireccional, pues no se espera respuesta.
El texto periodístico aparece en distintos géneros, como la noticia, la crónica, el reportaje, la entrevista y la nota de opinión. La frontera entre estos géneros tiende a ser difusa, ya que un texto periodístico puede combinar la noticia con la entrevista, por ejemplo. Por otra parte, los textos periodísticos pueden ser informativos, interpretativos o de opinión, según la función que pretendan cumplir.

Textos humanísticos
Aunque se trata de un tipo de texto difícilmente definible, se clasifica como "textos humanísticos" a aquellos que tratan algún aspecto de las ciencias humanas: psicología, sociología, antropología, etc. desde el punto de vista propio del autor, sin el nivel de formalización de los textos científicos. El género literario más representativo es el Ensayo.

Textos literarios
Son todos aquellos en los que se manifiesta la función poética y/o literaria, ya como elemento fundamental (como en la poesía) o secundario (como en determinados textos históricos o didácticos). Son géneros literarios la poesía, la novela, el cuento o relato, el teatro y el ensayo literario (incluidos los mitos).Se clasifican en: narrativo, líricos, y dramáticos. Cuando se identifica una palabra clave en un texto o un discurso oral e infiere conclusiones a partir de ellas.

Textos publicitarios
Es un tipo de texto especial, cuya función es convencer al lector acerca de las cualidades de un artículo de consumo, e incitarlo al consumo de dicho artículo. El texto publicitario fundamental es el anuncio. Esta necesidad de atraer la atención del lector hace que el texto publicitario emplee generalmente recursos como la combinación de palabra e imagen, los juegos de palabras, los eslóganes o las tipografías llamativas. son los cartelones que pegan en la calles y todo los anuncios que se hacen en las revistas etc.

Textos digitales
Algunos ejemplos de estos tipos de textos podemos encontrarlos en los blog, SMS, chats, y en las páginas web. Su aparición va ligada a las nuevas tecnologías, dando lugar a un nuevo género de textos, inexistente en el mundo analógico, que presenta sus propias características.

Texto narrativo
Narración
El texto narrativo es el relato de acontecimientos desarrollados en un tiempo o lugar determinado y llevados a cabo por personajes reales o imaginarios, siguiendo un orden temporal o casual, este se puede escribir en prosa o en verso. Prosa: forma natural de escribir. Se puede contar un hecho de varias formas diferentes Verso: forma especial de expresarse. Es más difícil que la prosa, ya que los textos en verso presentan características especiales que crean un ritmo y musicalidad específicos en esta forma de contar cosas.

Texto descriptivo
Si la narración es una modalidad textual que presenta hechos sucesivamente en el tiempo, la descripción, por el contrario, constan las características de un objeto de forma estática, sin transcurso de tiempo. El término "objeto" debe entenderse en este caso en su sentido más amplio, es decir, abarca a cualquier realidad, sea esta humana o no, concreta o abstracta, real o ficticia. Todo lo imaginable es descriptible. Los textos descriptivos nos cuentan cómo son los objetos, las personas, los espacios, las situaciones, los animales, las emociones y los sentimientos.

Los tipos de texto descriptivos son:

Textos científicos: su  finalidad es mostrar el procedimiento para realizar una investigación o una experimentación.
Textos técnicos: muestran los componentes, la forma y el funcionamiento de cualquier tipo de objeto, creación artística o instrumental: pintura, escultura, mecánica, deportes, medicina, etc. Entre ellos se incluyen los manuales de instrucciones de uso y montaje de aparatos; las recetas de cocina y los prospectos de medicamentos.
Textos sociales: ofrecen datos sobre el comportamiento de las personas e instituciones.
Texto argumentativo
Se trata del tipo de textos en los que se presentan las razones a favor o en contra de determinada "posición" o "tesis", con el fin de convencer al interlocutor a través de diferentes argumentos. Se trata de manera fundamental, aunque no exclusivamente, de juicios de valor, apreciaciones positivas o negativas acerca de lo expuesto (bueno, malo, feo, bello; válido/ no válido, adecuado/no adecuado). El discurso argumentativo es propio del ensayo y de la crítica en general. Ejemplos típicos son el discurso político o el artículo de opinión. Con los textos argumentativos se puede dar un punto de vista frente a un tema cualquiera, ya sea una posición positiva o en contra.

Texto expositivo
Un texto expositivo es aquel en el cual se presentan, de forma neutral y objetiva, determinados hechos o realidades. A diferencia de la argumentación, mediante el texto expositivo no se intenta convencer, sino mostrar. Ahora bien, esta diferencia abstracta no siempre es tan evidente en los textos concretos, por lo que muchas veces se habla de textos "expositivo-argumentativos". Ejemplos: típicos de texto expositivo son los textos científicos. La finalidad de estos textos es informar.

Existen dos tipos de textos expositivos:

Textos divulgativos
Es el tipo de texto expositivo que va dirigido a un público amplio que usa información poco específica y léxico formal, es decir no técnico ni especializado. Lo encontramos en apuntes, libros de texto, enciclopedias, exámenes, conferencias, coleccionables, etc.
Las características de los textos divulgativos son:

Informa clara y objetivamente sobre un tema de interés general siempre y cuando este bien ejemplificado el tema.
Va dirigida a un público mayoritario.
Es de fácil comprensión.
Utiliza un vocabulario estándar.
Posee objetividad.

Textos especializados
Lo encontramos en informes, leyes, artículos de investigación científica, etc.
Las características de los textos especializados:
Informa sobre un tema muy concreto.
Va dirigida a un receptor experto en el contenido tratado.
Resulta de difícil comprensión para quien no conoce el tema.
Usa una terminología específica.
Presenta gran objetividad.


DOCUMENTO DE TRABAJO 3BGU

EL ENSAYO
El ensayo es un género literario que se caracteriza por permitir desarrollar un tema determinado de una manera libre y personal. Comúnmente, las personas escriben ensayos para manifestar alguna opinión o idea, y sin tener que preocuparse de ceñirse a una estructura rígida de redacción o documentarlo exhaustivamente como hay que hacerlo si se tratase de una monografía.
Características de un ensayo.

Aunque sea difícil describir todas las características de un ensayo por ser un género literario esencialmente libre, podemos resumir sus principales caracteres en la siguiente lista:
  • Libertad temática
  • Estilo personal o amistoso en la escritura
  • Puede incluir citas o referencias
  • Sin una estructura definida, el autor escoge el orden en que desarrolla su argumento
  • Su extensión depende del autor.
El ensayo, un estilo libre.
El autor francés del siglo XVI, Michel de Montaigne, es considerado como el creador del estilo ensayístico.
El escritor galo fue el primero en llamar a sus escritos con ese nombre. Los mismos se caracterizaban por expresar de una forma libre el pensamiento de su autor.
Tipos de ensayo
Los más reconocidos son:
Expositivo: En este tipo de ensayo se exponen las características constitutivas del tema en cuestión. Se lo utiliza principalmente para informar, aclarar o explicar.
Crítico: En este escrito el autor realiza un ejercicio crítico alrededor de un tema o un acontecimiento que sea de su interés. El objetivo de este texto es presentar un análisis sobre el tema en mención.
Argumentativo: En este texto el ensayista argumenta con sus propias reflexiones o basándose en un aparato documental alrededor del tema en cuestión. La intención es convencer al lector de algo, utilizando para ello argumentos a favor o en contra del tema que está tratando.
Estructura base del ensayo
Título: Orienta sobre el tema y debe despertar el interés del lector.
Autor: Conocer al autor del escrito nos da una guía sobre la ideología del escritor y sus estilo de escritura.
Introducción: Se presenta el tema central sobre el que versará el escrito.
Cuerpo: En esta sección se desarrollan las ideas alrededor del tema presentado en la introducción, por lo general cada idea principal constituye un párrafo que se sustenta mediante ideas secundarias o de apoyo, estas pueden servir para dar ejemplos, detalles, descripciones o explicaciones dependiendo del tipo de ensayo.
Conclusión: El autor emite una opinión personal y breve sobre el tema que presentó en la introducción. También se pueden utilizar otros recursos como: predicciones futuras, soluciones al problema, preguntas, etc. Dependiendo del caso.
Ensayo Expositivo
La Realidad del Mundo de Hoy

La recesión vivida por los Estado Unidos durante dos trimestres consecutivos de decrecimiento económico en el año 2008, ha llevado a lo que se conoce hoy como crisis mundial. Esta situación ha afectado especialmente a las grandes potencias conocidas como las G7, ya que presentan una economía desarrollada.

Es importante tener conocimiento acerca de este problema, por los resultados que ha ocasionado debido a factores como el préstamo sin control por parte de bancos y multinacionales, así como el encarecimiento de las materias primas. La finalidad de este ensayo es mostrar las consecuencias que ha traído este problema a la sociedad.

Los principales efectos de la actual situación financiera han repercutido en el continente con mayor desigualdad social en el mundo, aumentando cada vez más la preocupación, ya que afecta tanto a países pobres y ricos, lo que ocasiona desempleo y pobreza. Además, ha traído consigo que la industria automotriz decrezca por el encarecimiento del petróleo, y la crisis de iliquidez, originando indirectamente otros fenómenos como depresión alimentaria global, diferentes derrumbes bursátiles; en conjunto una crisis económica a escala internacional.

De acuerdo con lo dicho, se puede decir que la depresión ha sido la causante del desequilibrio financiero que hoy viven los diferentes países del mundo, desde los tercermundistas hasta los más desarrollados. ¿Qué sucedería si estos países no lograran conseguir el control de sus recursos y recuperarse de esta crisis?




Ensayo argumentativo
Células madre: su beneficio en la medicina
Las células madre fueron descubiertas en 1988 en la Universidad de Wisconsin por un grupo de científicos que logró revolucionar los tratamientos médicos de tejidos en el ser humano (Células madre, 2002). Su validez no ha sido comprobada por completo; sin embargo, éstas han sido utilizadas en varios tratamientos, y se han obtenido resultados beneficiosos para los pacientes. Tomando en cuenta esto, hay varias razones por las que las células madre son una buena alternativa en la medicina, ya que se dividen y reproducen fácilmente, desarrollan cualquier tejido del cuerpo y expresan los genes mismos del organismo.
            En primer lugar, las células madre se dividen y reproducen fácilmente porque éstas se encuentran en un estado de reproducción inmediata y veloz. Durante los primeros días de reproducción celular, la célula se divide varias veces hasta lograr convertirse en una mórula, lo que da como resultado numerosas células formadas por mitosis (El desarrollo embrionario, s.f.). Éstas células, al multiplicarse tan rápidamente, aumentan en número, mas no en tamaño, lo que permite tener varias fuentes y posibles reservas de tejido embrionario.
            Así mismo, las células madre pueden desarrollar cualquier tejido humano, debido a que al empezar con la mitosis éstas aún no están especializadas para definir ningún tejido. Éstas células son consideradas pluripotenciales, ya que se las puede combinar con células somáticas y desarrollar el tejido específico que se necesite (Coscia, 2008, agosto). De esta manera en la rama de la medicina se pueden desarrollar células del tejido afectado y utilizarlas para curar varias enfermedades.
            Por último, las células madre son muy beneficiosas para el organismo, puesto que tienen exactamente los mismos genes que se necesitan en un trasplante.  Las células madre se obtienen de la médula espinal o de la sangre de una persona que sea compatible con el receptor o inclusive pueden provenir de éste mismo. Esto hace que la información genética en el momento del trasplante no varíe y no exista ningún tipo de rechazo por parte del cuerpo (Nuevos desarrollos mejoran, s.f.).
            Es por esas poderosas razones que el uso de células madre dentro de la medicina es beneficioso para pacientes que lo necesiten. Varias investigaciones han comprobado que son una fuente única para curar o disminuir enfermedades antes consideradas incurables. Las células madre son una gran alternativa, ya que tienen facilidad de reproducción, pueden convertirse en el tejido que se necesite y sobre todo aseguran la compatibilidad en los trasplantes.



TALLER DE TRABAJO
Tema para escribir: La religión y su influencia en el desarrollo de los pueblos  
El objetivo es escribir un ensayo de opinión acerca de la religión y de cómo esta ha afectado en la vida de las personas a lo largo del tiempo y en la actualidad.
El tema es RELIGIÓN
Los tres subtópicos principales son:
1.      Por qué tenemos creencias religiosas   
2.      Influencia de las religiones en los pueblos
3.      Qué pasará con las religiones en el futuro
Resuma su ensayo en cinco párrafos; incluya estos elementos:
Párrafo introductorio
La Oración general: Actividad humana que consiste en creencias y prácticas relacionadas con lo divino.
CUERPO
Primer Párrafo
de Apoyo
Presente
el Subtópico 1
Detalles o Ejemplos Secundarios
Segundo Párrafo
de Apoyo
Presente
el Subtópico 2
Detalles o Ejemplos Secundarios
Tercer Párrafo
de Apoyo
Presente
el Subtópico 3
Detalles o Ejemplos
Secundarios
Párrafo de conclusión
Síntesis y conclusión de la tesis.


SIGA ESTOS PASOS 
¡ESCRIBA EL ENSAYO!
Piense en pequeño; construya el ensayo completo gradualmente.
Divida su ensayo en secciones y desarrolle cada párrafo de manera progresiva.
Párrafo Introductorio
El párrafo de apertura establece el tono
No sólo introduce el tema, también permite ver hacía donde va usted (objetivo)
Haga una lluvia de ideas para encontrar las mejores ideas secundarias
Las mejores ideas secundarias son acerca de aquello de lo que usted tiene algún conocimiento. Si usted no sabe acerca del tema, no puede hacer un buen trabajo. No debilite el ensayo con argumentos ineficaces.
Párrafos secundarios
Al escribir cada párrafo, éste tiene que fluir hacia el siguiente.
Las ideas secundarias, los ejemplos, los detalles deben ser específicos al subtópico.
La tendencia al escribir los párrafos secundarios es escribir cualquier cosa. Evite esto: El trabajo que usted ha hecho antes con detalles y ejemplos lo ayudará a mantenerse enfocado.
El Párrafo de Conclusión o Resumen
Resuma su argumento con cierto grado de autoridad
Este párrafo debe dejar a su lector  sin dudas en cuanto a su posición respecto al tema o su conclusión lógica.  
Sea enérgico; éste es el último pensamiento con el que dejará al lector.
REVISE SU ENSAYO
Verifique su ortografía y gramática
Los sujetos y los verbos deben concordar, y los tiempos verbales deben ser lógicos.
Examine la lógica de todo su ensayo
DOCUMENTO DE AYUDA
RELIGIÓN

La religión es una parte de la actividad humana consistente en creencias y prácticas acerca de lo considerado como divino o sagrado, de tipo existencial, moral y espiritual. Se habla de «religiones» para hacer referencia a formas específicas de manifestación del fenómeno religioso, compartidas por los diferentes grupos humanos. Hay religiones que están organizadas de formas más o menos rígidas, mientras que otras carecen de estructura formal y están integradas en las tradiciones culturales de la sociedad o etnia en la que se practican. El término hace referencia tanto a las creencias y prácticas personales como a ritos y enseñanzas colectivas.
Definir qué es religión (del latín religare o re-legere) ha sido y es motivo de controversia entre los especialistas. Según el sociólogo G. Lenski, es «un sistema compartido de creencias y prácticas asociadas, que se articulan en torno a la naturaleza de las fuerzas que configuran el destino de los seres humanos». Por su parte, el antropólogo Clifford Geertz propone una definición alternativa: «La religión es un sistema de símbolos que obra para establecer vigorosos, penetrantes y duraderos estados anímicos y motivaciones en los hombres, formulando concepciones de un orden general de existencia y revistiendo estas concepciones con una aureola de efectividad tal que los estados anímicos y motivaciones parezcan de un realismo único». Debido al amplio espectro de usos de la palabra, resulta especialmente complejo ofrecer una definición exhaustiva de la religión o del fenómeno religioso. Sin embargo, se puede afirmar que, como hecho antropológico, engloba entre otros los siguientes elementos: tradiciones, culturas ancestrales, instituciones, escrituras, historia, mitología, fe y credos, experiencias místicas, ritos, liturgias, oraciones...
Aunque la antropología ha recogido manifestaciones religiosas desde el primer momento de la existencia del hombre y éstas han influido decisivamente en la configuración de las diversas culturas y sociedades, todavía se discute si es un fenómeno esencial del hombre o puede ser reducido a otras experiencias o aspectos humanos más fundamentales. El ser humano ha hecho uso de las religiones para encontrar sentido a su existencia y para dar trascendencia y explicación al mundo, al universo y todo lo imaginable.
 Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.

TRABAJO EN CLASE
Responda las siguientes preguntas 
Qué es un ensayo
Nombre las clases de ensayo y describa cada uno
Defina la estructura base del ensayo
Realice el taller de trabajo. (HAGA UN BORRADOR Y UN TEXTO FINAL PRESENTE LOS DOS TRABAJOS) 


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